Más adelante los roles se hacen más densos, más rígidos, menos plásticos. Se van definiendo esos espacios en los que uno es y el otro entiende que el otro es, pero no hay acuerdo. Hemos disminuido la tensión del acuerdo permanente, buscamos ambos la acomodación recuperando en parte hábitos que habíamos sustraído a la convivencia, o adaptándolos.
La negociación de ese tiempo trae a menudo tensiones súbitas, explosivas o implosivas según el carácter de cada componente de la pareja. Si son explosiones se da discordia y conflicto emocional, que puede ser temperamental. Si es implosiva se puede dar silencio selectivo, omisión de la palabra, o distancia emocional.
Tú en tu casa y yo en la mía
En esos estadios es común la escena de "las maletas en la puerta". Yo no voy a soportar esto, hasta aquí hemos llegado... se esgrime la ruptura como una solución drástica, inmediata y factible para ambos. Todo es susceptible de cambiar en cualquier momento.
Con el tiempo las maletas en la puerta dejan de tener sentido porque la relación ha enraizado lo suficiente. En ese tiempo es necesario encontrar soluciones al enorme impacto emocional que tiene todavía descubrir que hay cosas en las que hay desacuerdo, y es irreconciliable. Simplemente hay que escoger un criterio, cuando además el contenido de la controversia afecta a la convivencia o al modelo de vida en común.
Aquí el "quid pro quo", el intercambio, la relación de fuerzas ponderadas tiene el mejor escenario.
Pongámonos de acuerdo
El resultado de la relación es consecuencia de la misma relación, no de sus elementos. La "culpa" es más que compartida; como en una molécula de agua, ésta es el resultado de la unión de hidrógeno y oxígeno, pero ninguno de los dos gases son "media agua"
Es importante que esa "culpa" o "responsabilidad" sea una pelota que cambia de tejado.
Ese es el significado del tercer Haiku
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