En cuanto a tu memoria de trabajo, puedes por ejemplo recordar aproximadamente dónde has dejado el coche en el estacionamiento de un centro comercial, y una hora más tarde regresar al mismo escenario y orientarte hasta encontrarlo. No recordarás el sitio en el que aparcaste la última vez que estuviste allí hace un mes, por ejemplo, pero sí más o menos dónde está ahora.
Por supuesto, la memoria a largo plazo es la más popular. Y de ella, la biográfica es la que tiene mejor prensa de certidumbre: desde luego sabes todos los días cómo te llamas.
Sin embargo esa supuesta fidelidad de nuestra memoria biográfica no es tan fina como parece, y a veces resulta una fuente de problemas para nuestro pequeño mundo mental.
Lo que no podemos retener en nuestra memoria, ni aún en la de corto plazo, es el tono de un color. Fíjate en uno determinado, pasa a la habitación contigua e intenta seleccionarlo de entre una muestra amplia de tonos de ese mismo color. Probablemente te equivocarás.
Vamos a ver ahora qué tiene que ver todo eso con la memoria emocional.
Emoción y memoria
Si intento "imaginarme" una emoción asociada a una idea (por ejemplo: me imagino que mi pareja me engaña, o que fallece un ser querido, o que me toca la lotería) lo que sucede es que esa emoción inventada la racionalizo y sólo se parece en parte a la emoción real, en su componente más racional. Como el tono del color que recuerdo. Es "como si", pero no "es" la emoción genuina.
En otras palabras: no soy capaz de imaginar mis emociones proyectadas a futuro.
Ahora bien: puedo saber que estaré contento, o triste, o enfadado... sólo que no puedo experimentar, no puedo "vivenciar" esa experiencia. La "imaginación emocional", como la "imaginación del color", no funciona.
En cambio con el recuerdo emocional sucede lo contrario. Una vez he sufrido una pérdida, por ejemplo, me resulta relativamente fácil remover mi cognición emocional hasta recuperar aquel tono, y volver a entristecerme. Incluso podríamos decir que soy vulnerable al eco de ese recuerdo emocional durante mucho tiempo. En algunos casos, para siempre.
Pero mi memoria declarativa, esa que racionaliza los acontecimientos de mi vida y me empuja a ser siempre "yo, conciencia de mí" puede dictarme la voluntad, mezclada de deseo, de que algo que ha impactado en mis emociones "no haya pasado en realidad", "no sea lo que parece", "no lo tenga en cuenta", "lo olvide".
Y ese empeño, esa voluntad de esfuerzo por contemporizar, por trivializar un impacto emocional, puede mantenerme en ese propósito durante tanto tiempo que acabe agotando mi voluntad de construir, de resolver.
No se trata de no poder poner remedio, ni de determinismo, ni de fatalidad.
Recuerda
Se trata de saber a qué te enfrentas, que tu memoria emocional no funciona con voluntad ni con deseo. Se trata de resolver los nudos para poder seguir peinando. Se trata de que entender nuestras emociones es imprescindible, pero no es suficiente. Esos obstáculos hay que superarlos, no pueden rodearse.
En el recuerdo declarativo lo pasado pasado está, y puede olvidarse o reescribirse. La memoria declarativa es plástica y racional.
Pero en nuestra memoria emocional todo lo que pasa, pasa para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario