Bienvenida

Divulgación de psicología orientada a la resolución de problemas.
Este blog trata de emociones, conducta, personalidad y relaciones humanas.
Cada haiku es una condensación respecto a una definición, o a una idea.
Los textos son herramientas de reflexión. Explican el origen del haiku, pero su sentido se lo da cada cual.
Si buscas información para entender el comportamiento, espero serte útil.
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domingo, 28 de abril de 2013

Haiku 17. de la dependencia emocional


Hipócrates (que nació más o menos 460 años antes de que naciera Cristo) era un hombre picado por la curiosidad. Su interés por las enfermedades fueron los primeros pasos de la medicina moderna, pero también estudió la mayoría de los venenos y sus efectos, al menos los conocidos en la época . De sus impresiones respecto a los tóxicos extraigo una que puede generalizarse al comportamiento, a las emociones, al conjunto de los rasgos de la personalidad y, en general, casi a cualquier aspecto humano: la sustancia en sí misma no es venenosa, porque los efectos nocivos dependen de la cantidad consumida. "El veneno está en la dosis"

Pues bien, la dependencia emocional tiene mala prensa porque su sobredosis resulta tóxica para quien la padece y para quienes la soportan. Vamos a hablar de un poco de todo eso.

Dependencia emocional y desarrollo


Los seres humanos necesitamos vínculos emocionales, y esa necesidad se expresa desde el nacimiento. Una cría humana, a diferencia de la mayoría de mamíferos, es incapaz de relacionarse con su entorno de forma autónoma. Su indefensión es absoluta. Los adultos están condicionados genéticamente para reaccionar de forma emocional ante esa indefensión (con diferentes tipos de respuesta según sea empática o anampática la personalidad del adulto en cuestión, como ya hemos visto). El vínculo que se genera en el adulto tiene su correlato en la cría, proporcionándole defensa, cobijo y seguridad y desplazando esa necesidad de autocuidado. El desplazamiento (de la cría al adulto) tiene necesariamente que tener camino de vuelta, porque en  su vida adulta la cría deberá ser capaz de conseguir su absoluta autonomía, y de proporcionar además amparo a las crías de generaciones siguientes.

En un famoso experimento Harry Harlow separó a unas crías de mono rhesus de sus madres, y las confinó en unas jaulas en las que había introducido figuras de mona construidas con maderas, hierros y cables. Algunas estaban recubiertas de felpa y otras presentaban la estructura desnuda. Además sólo de unas cuantas manaba leche. Las crías de mono se acurrucaban en los maniquíes de felpa al sentirse temerosos, dolientes, cansados o enfermos, a pesar que esas figuras afelpadas no les proporcionaran alimento.

Resumiendo: nos desarrollamos creciendo a través de vínculos, éstos modulan la dependencia en el crecimiento y son modulados por esa misma dependencia en la vida adulta. Y,  al parecer, que nos proporcionen alimento no crea tanto vínculo como que nos den seguridad, contacto, y cobijo.

La personalidad dependiente


Se caracteriza por la necesidad de recibir y dar afecto a través de la comunicación emocional como único lenguaje de contacto interpersonal. Huye de los escenarios competitivos, le resultan mucho más seguros los gregarios (el grupo, la colectividad religiosa o social, la familia, el equipo, las amistades).

Su comportamiento está fuertemente marcado por la actitud altruista  con la que consigue la sensación de seguridad de ser aceptada. La personalidad dependiente necesita compartir las decisiones de su vida con las personas que considera dotadas de mejor criterio, y busca la reafirmación de sus decisiones constantemente. 

Es generosa en exceso, hasta el punto que, a menudo, es incapaz de negarse a realizar esfuerzos por los demás. Consecuencia de esa huida de los escenarios de competitividad puede resolver mal las negociaciones y los acuerdos; tanto las laborales o económicos como los interpersonales o grupales. Siempre se presenta voluntaria para la peor parte, siempre se queda la porción  más pequeña, siempre realiza el trabajo de otros.

Además es fiable, suele ser modesta y cuidadosa en los modales, y consigue una aceptación incuestionable. Dado que la actitud de esta personalidad es fundamentalmente acrítica acepta sin reservas el comportamiento y el mundo mental del otro con facilidad, y sólo es reactiva (rechazando además de plano personas y situaciones) ante la violencia o el abuso.

Dependencia y conflicto


Los aspectos más conflictivos de esta personalidad tienen que ver con la demanda. En las relaciones interpersonales, sean de la naturaleza que sean, tienden a solicitar repetidamente criterios y opiniones reafirmativas por parte de los demás, lo que significa que éstos tienen que estar disponibles.

Aunque por su propia opinión haya llegado a la conclusión o elección necesita que alguna figura de referencia certifique que esa elección es correcta. Lo que lleva a la paradoja de que, si la persona de referencia discrepa de la elección (por ejemplo, por una cuestión de gustos) necesitará buscar otra que compense la situación y le proporcione la seguridad que necesita. Buscará una elección que sea como la suya para acogerse a ese criterio.

En su variante menos crítica el conflicto lo genera una sumisión fundida, incorporada al otro. Absorbe la identidad de la persona de referencia e imposibilita por tanto la singularidad de ésta. Se convierte en un apéndice que envuelve la dimensión del otro, y que lo ahoga.

En su variante más independiente (la personalidad dependiente emocional - independiente mental) su valoración acrítica del otro convierte a esta personalidad en una referencia. Los demás buscan su compañía ante las situaciones en las que se hayan sentido "en falso", por actitudes o elecciones difíciles o equivocadas. Esta variante se caracteriza por la necesidad de tener a su alrededor todas las condiciones sociales controladas y al alcance, todas las personas importantes conectadas a su vida, para poder entonces desconectarse sin ansiedad.

La pareja


La personalidad con rasgos dependientes tiene dificultades para expresar el desacuerdo y huye de la confrontación abierta o de la expresión asertiva de su opinión o sus intereses. Esa actitud interpersonal puede resultar adaptativa en el medio social, pero es muy tóxica en las relaciones de pareja.

Es necesario entender aquí que la base de la vida en común no es la concordancia sino precisamente la discrepancia; aquello que es concordante no es importante, simplemente porque no es significativo en la vida de pareja, no se tiene en cuenta, no se subraya. No es necesario un acuerdo marco si los dos son vegetarianos, por ejemplo. O deportistas. O religiosos.

Es necesario el acuerdo cuando se esa necesidad se crea por la vía de la  discordancia. Y esa discordancia es inevitable en la vida en pareja. La vida en común es sólida y estable cuando se gestiona (sin confrontaciones emocionales) el desacuerdo, la discordancia y, en el último estadio, la discrepancia.

Discrepar es ser, es distinguirse del otro. 


La personalidad dependiente no expresará frontalmente el desacuerdo si no tiene la certeza de ser aceptada en esa discrepancia, o bien, tras una acumulación de huidas del conflicto, se armará de valor y expresará su necesidad de "ganar esta batalla concreta" para compensar "las batallas de las que ha huido antes". Pero esta función compensatoria no suele expresarse con claridad, a menudo porque no es consciente. Lo que lleva a una situación de difícil encaje si su pareja considera la elección como dañina o claramente errónea.

Un aspecto de esta personalidad comúnmente incomprendido es la facilidad que tienen de desapego, cuando la figura ha sido sustituida. Esto es especialmente evidente en las relaciones de pareja. La personalidad dependiente se relaciona con un lenguaje emocional del "todo o nada". Eso significa que puede pasar de "todo" a "nada" sin espacios intermedios, y mostrar un desapego que parecía imposible muy poco antes, desapego que ahora se nos antoja inverosímil o desnaturalizado. 

La personalidad dependiente, si está emocionalmente compensada, es una compañía valiosa, una pareja solidaria y solícita, complemento ideal cuando se trata de realizar proyectos vitales complejos o en los que interviene la creatividad porque es capaz de abundar en la creatividad del otro sin interferencias, es decir, sin plasmar su propia identidad.  

Cuando alcanza el estadio de madurez para proyectar el cuidado (a las crías de su grupo o a las suyas propias) resulta muy fiable y a menudo conservadora. Puede resultar depresiva o ansiosa si las circunstancias le sobrepasan porque le cuesta mucho alcanzar el estadio de emocionalidad reactiva. Es muy sensible a la violencia y al abuso, como queda dicho. 

Su adaptabilidad, en un entorno estable y sano, genera el flujo vital que más desea: la placidez.

sábado, 6 de abril de 2013

Haiku 15. del narcisismo

Algunas palabras  han pasado de la psicología o la psiquiatría clínica al  vocabulario popular simplificando su significado, generalmente usando la parte por el todo. Eso resulta útil, porque así todo el mundo nos entiende, pero también resulta limitado cuando se quiere usar esa palabra con su significado más completo.Por ejemplo, "histérico" se entiende como "desabrido, desequilibrado, con actitud poco razonable y sujeto a cambios impredecibles".  Vamos, que se usa la palabra "histérico" para abarcar el concepto más amplio de "neurótico".

Con Narcisista pasa algo parecido. Ha quedado en la cultura común la imagen de Narciso, el dios que se enamoró de sí mismo, y suele entenderse la personalidad narcisista como la auto-adorada, grandilocuente, cuidadora de su imagen y egoísta. Bueno, aquí también funciona eso de la parte por el todo. Hoy el narcisismo es un tema de interés porque los rasgos narcisistas son muy exitosos en este principio de siglo, populares, en buena medida deseados, y muy abundantes. 

La personalidad narcisista


El narcisismo se empezó a utilizar en el estudio de la masturbación adolescente. Freud usó poco después el concepto para definir un estadio del desarrollo en el que, de forma natural, se entraba en una fase autoerótica para desembocar en el amor proyectado sobre alguien diferente de uno mismo. los problemas en el desarrollo, por los factores que fueran, impedirían alcanzar ese estadio de "amor proyectado". Con posterioridad el narcisismo se desvincularía de ese aspecto exclusivamente sexual, emergiendo como un conjunto de rasgos característicos de conducta: la personalidad narcisista.

Modernamente, esos factores que impiden el desarrollo se interpretan aludiendo a unas relaciones familiares inadecuadas, fundamentadas en la proyección de una imagen del niño (de los padres o los principales cuidadores) excesivamente ambiciosa, grandilocuente, que resulta imposible de alcanzar. Sin embargo existen explicaciones alternativas que vinculan el desarrollo de esta personalidad al aprendizaje social, o incluso a factores biológicos. Probablemente, en la combinación de todos estos elementos reside la explicación más robusta.

El mundo mental


La principal característica (al mismo tiempo su principal cualidad y su principal debilidad) es la auto-referencia.  Su estado de conciencia es auto referente, lo que genera una percepción de la realidad centrada en sí misma. 

Eso le confiere un universo mental muy singular; por ejemplo: tiene dificultades en el aprendizaje porque gestiona mal la emoción asociada a saberse ignorante. Es decir: no se deja aprender porque no puede permitirse aceptar que no sabe. En su intimidad puede resolver esta paradoja erigiéndose en la gran sabia que enseña (en este caso, a sí misma) pero cuando el aprendizaje pasa necesariamente por la adquisición del conocimiento a través de los demás utiliza todos los recursos a su alcance para evitar la situación de exposición. Y es que necesita el elogio de los demás para poder estabilizar su estado de ánimo y una autoimagen que, contra lo que pudiera parecer, se encuentra siempre muy amenazada.

Desde el punto de vista del mundo mental la característica más destacada seguramente sea su percepción del tiempo, del espacio y de la causa, siempre vinculados a la primera persona del singular. Su mundo está limitado en la variabilidad y es finito, lo que le confiere un pensamiento poco realista. 

Puede asumir con facilidad que un deseo es una realidad, una habilidad es un talento, una simple característica es una singularidad excepcional. Su valoración de sí misma sin embargo fluctuará entre la credulidad de este argumentario auto referente y el contraste con una realidad que se empeña en vulgarizarla. 

La evasión de esa tensión es un mundo mágico, personal, en el que todas las cosas tienen su explicación y su origen partiendo de sí misma. Cuando se recluye en ese mundo es, un poco, como el adolescente masturbador del principio. Solo que, claro, ahora no es más que una "masturbación mental" .

La manipulación de los demás. Y los demás manipuladores.


A los narcisistas en general (o por mejor decir, a las personas que tienen este rasgo entre sus atributos, aunque sea de forma moderada) se les suele acusar de egoístas y manipuladores.  En realidad esta característica no es exclusiva de este estilo de personalidad. De hecho la hemos visto ya en la personalidad borde y en la personalidad melodramática, y volveremos a hablar de manipulación interpersonal cuando nos acerquemos a las personalidades dependiente y tímida. Pero es en la personalidad narcisista donde se expresa de una forma más visible.  

Imagina los tipos de personalidad en sus combinaciones como los colores posibles de un cubo de rubik; fíjate que los colores son sólo seis y que hay además combinaciones imposibles: los colores opuestos no pueden coincidir en una pieza; cada pieza tiene sólo tres colores si forma parte de las esquinas o dos si es de las coronas. Del mismo modo hay personalidades incompatibles (por ejemplo, la tímida y la melodramática)  y también hay muchos rasgos diferentes que combinan entre sí. Un solo color, una personalidad con características únicas, es difícil que se de en una persona sana. Como en el cubo, las posibilidades son finitas pero mucho mayores de lo que solemos imaginar. (por cierto: el cubo de sólo seis colores tiene más de 43 trillones de combinaciones posibles. Un 43 y 18 ceros detrás.)

En sus variantes más puras, la personalidad narcisista es seductora sin escrúpulos, considera el mundo conformado por depredadores y presas, y puede mortificar hasta el paroxismo a las personas dependientes o emocionalmente vinculadas.

El egoismo


Como decíamos arriba suelen ser acusadas de egoístas cuando su verdadero problema, como en la personalidad melodramática, está mucho más explicado por su egocentrismo que por su voluntad de reservarse las cosas para sí. Un egoísta cuenta con el otro para quitarle su parte; en cambio para un egocéntrico el otro simplemente no existe. 

Suelen compensar esa imagen de "ir a la suya" ofreciendo parte de sí a los demás, pero claro, como su imagen de sí está tan desenfocada acaban ganando siempre. Lo que, por cierto, les mantiene la fama.

La pareja


La personalidad narcisista se vincula con mucha facilidad a la personalidad dependiente (de la que hablaremos próximamente) y a la personalidad inestable (de la que ya hemos hablado). Combina mal con el abanico de las personalidades mentalmente independientes; comparte con algunas la capacidad anampática (ver haiku 9) de comunicación interpersonal, pero experimenta esa anampatía con satisfacción íntima, nunca públicamente; de modo que simula contacto emocional incluso con aquellos que considera sus enemigos, aún en los momentos de victoria.

Si la personalidad de su pareja tiene rasgos dependientes la relación puede durar mucho tiempo, en algunos casos toda la vida. Siempre que los rasgos de ambos no sean muy acusados, claro está, pero eso mismo es cierto para cualquier estilo de personalidad. También tiene relaciones menos duraderas aunque muy estables (que pueden cambiar de naturaleza y mantenerse "como amigos" durante mucho tiempo) con personas con rasgos más próximos a la personalidad inestable. Estas relaciones son más tormentosas, emocionalmente muy expansivas y socialmente muy visibles. Además pueden congeniar con facilidad con personas provistas de rasgos de personalidad melodramática, aunque en ese caso se suelen suceder los acontecimientos de competición y de agravio, y esas relaciones, aunque muy atractivas para ambos al principio, a menudo no son ni muy fecundas ni muy estables.  

Su mejor aportación es la seguridad que pueden proyectar y una envidiable facilidad emprendedora si la empresa que acomete está en el ámbito de lo que considera que puede dominar. El pensamiento tangente (las soluciones imaginativas utilizando componentes ordinarios) les resulta accesible, y aunque alguna de las ideas no sea tan brillante sus aportaciones pueden ser muy ingeniosas. En la crianza son escrupulosas y suelen sujetarse de forma algo rígida a normas preestablecidas, que consideran de autoridad, pero también son buenas cuidadoras emocionales para los niños. 

domingo, 31 de marzo de 2013

Haiku 14

Los príncipes azules existen, pero destiñen.

Haiku 14. del melodrama


Hemos visto ya personalidades expresando sus emociones de forma contenida y también hemos visto a otras con dificultades, conscientes o no, para la comunicación emocional. Hemos visto alguna personalidad víctima de la inestabilidad emocional y alguna otra manipuladora de las emociones de los demás. Vamos a ver ahora cómo se desenvuelve una personalidad que, queriendo ser manipuladora, resulta a menudo víctima de su propia inestabilidad y "asintonía emocional": la personalidad melodramática.

Melodrama y género


La tradición en psicología y psiquiatría relacionaba este tipo de personalidad con la represión emocional, por ejemplo con las víctimas de abusos sexuales en la infancia u otros traumas. Además solía caracterizarse como mucho más presente en lo femenino, como si fuera una "personalidad de género". Lo cierto es que el comportamiento de esta personalidad estereotipa ambas condiciones, es decir: la mujer es casi una caricatura de lo femenino y el hombre es casi una caricatura de lo masculino. Seductores, provocativos, dispuestos a plasmar su rol (de conquistador o de sumisa )... Ambas conductas se dan con más o menos equidad entre los dos. Quizá por lo llamativo, la provocación en el vestir y el comportamiento de la mujer sea simplemente más visible. Hoy se conocen diferentes estudios que demuestran la falsedad de la teoría de la "personalidad de género"; del mismo modo que la "personalidad borde", que hemos descrito en otro haiku, no resulta tampoco un arquetipo de personalidad masculina.

El melodramatismo y la teatralidad en la conducta


Vaya por delante que algunos lectores encontrarán que muchos de los rasgos de este estilo de personalidad les son familiares, y es posible que en algún detalle se reconozcan a sí mismos. Las características más visibles desde el punto de vista de la conducta de la personalidad melodramática son la expresividad, la extroversión, la manifiesta sociabilidad y su comportamiento de grupo. Todas ellas relacionadas con la comunicación y el comportamiento social, y todas con muy buena prensa. Quiero decir que es más popular ser extrovertido que introvertido, por ejemplo; siendo ambos rasgos igual de adaptativos, sanos y válidos en una personalidad normal. Esa "buena prensa" de los rasgos sociales hace que sean comportamientos de elección más frecuente porque es reforzado por el grupo (la empresa, el aula, la familia...).

Aquí no se trata sin embargo de la elección de conducta en entornos sociales sino de una personalidad tipo que se expresa en el mundo mental, y por lo tanto en cualquier entorno.

Suelen ser cuidadosas con su aspecto, al punto de resultar en ocasiones manifiestamente vanidosas en el vestir. En sus variantes más agudas esta personalidad viste de forma claramente provocadora.
La expresión de sus amistades y enemistades, de sus filias y sus fobias, está completamente carente de matices. Eso se traduce en que puede considerarnos un amigo del alma ahora, y poco después, tras algún desengaño real o imaginado por su parte, pasar a engrosar las filas de los enemigos a muerte.

El exceso emotivo


Estas personas suelen expresar sus emociones de manera exagerada. A menudo parecen vanidosas y egocéntricas, y se sienten incómodas cuando no son el centro de atención. El egocentrismo característico es uno de sus principales enemigos porque, a lo largo de su recorrido vital, muchas personas próximas se lo han hecho notar, con lo que esta personalidad ha desarrollado un mecanismo de compensación que generalmente se traduce en un esfuerzo de generosidad volitiva, es decir, intencionada. Como su estado emocional es muy resbaladizo, y además esa generosidad está siempre en un plano consciente, es decir, no es una generosidad automática, los cambios de estado la convierten en generosidad inconsistente. Las personas a su alrededor suelen concluir que su generosidad, como sus valoraciones, no son muy de fiar.

Son seductoras y les inquieta mucho vivir la sensación de no conseguir seducir, conectar, con el otro. Pueden cambiar de apariencia, de comportamiento, de opinión incluso, con el único propósito de conseguir esa seducción. Cuando se encuentran con una personalidad con la que no consiguen sintonizar tras haber desplegado todos sus encantos la rehuyen, y a menudo la consideran una amenaza. Casi siempre buscan apoyos, alguien que les tranquilice y que apruebe su conducta. En cuanto a sus emociones genuinas, éstas están generalmente mediadas, en sus aspectos negativos, por una explosiva mezcla de compulsividad y frustración.

La mente


Su estilo mental es extremista e inestable; ven el mundo y sus acontecimientos en términos de blanco o negro.. Les gusta mediar en las vidas de los demás y suelen estar dispuestos a sacrificarse de un modo honesto, pero esa necesidad de brillar en el centro de todas las situaciones a cualquier precio hace que desplacen a la persona atendida por ellas mismas, lo que evidentemente resulta una pobre fuerza de ayuda.

Algunas variantes de esta personalidad son claramente vivaces, activas y muy impulsivas. Otras son más dependientes. En otros casos sus rasgos característicos se expresan de un modo infantil. Siempre que se sienten amenazados o agredidos desarrollan una conducta intrigante y maquinadora, escondiendo sus intenciones a veces durante largos períodos de tiempo, por lo que pueden ser peligrosos en las relaciones si somos objeto de su ira, fundamentada o no. A menudo no se les ve venir. Su anampatía de base les facilita poder suspender la sintonía emocional con la otra persona en el momento más inesperado, casi siempre cuando más se les necesita.

Algunos teóricos de la personalidad (Eli Somer, Cynthia Schupak y otros) han relacionado esta personalidad con la ensoñación inadaptada, una característica cognitiva y emocional que se concreta en una fantasía excesiva, compulsiva. Esa competencia entre el mundo real con el mundo fantaseado al que la persona acude recurrentemente explicaría la dificultad que presentan en la concreción de sus problemas y las "salidas por la tangente" tan características de este estilo de personalidad.

La pareja


La convivencia con esta personalidad no es fácil, pero desde luego es entretenida. Antes o después la valoración del otro cambiará de signo para ella, pasando de ser "absolutamente fantástico" a "absolutamente despreciable". Esta ambivalencia puede fluctuar de forma esporádica durante años, en algunos casos toda la vida. Y es que aunque la personalidad sea característicamente inconsistente, la convivencia y el trato se pueden afianzar en relaciones de muy largo recorrido. Es una compañera tenaz, creativa, capaz de asumir los retos mayores y las situaciones más difíciles casi con indiferencia, lo que proporciona a la pareja un acopio de coraje. Son facilitadoras sociales; su mimetismo emocional y su manejo en las situaciones públicas pueden simplificar la vida social de su acompañante, sobre todo si no se maneja bien en esos ámbitos.

Se sienten atraídas por la personalidad narcisista, de la que hablaremos próximamente, y por el resto de las personalidades anampáticas. Con las empáticas (dependiente, tímida, etc) se llevan bien pero no congenian lo suficiente para establecer relaciones de pareja. Les caen bien, pero no les atraen. Las más intensas se dan con la personalidad inestable con la que, si llegan a establecer una pareja, resulta siempre extraordinariamente tormentosa.









sábado, 9 de febrero de 2013

Haiku 8. pasión, compañerismo y compromiso

Robert Sternberg publicó en 1986 un famoso (al menos, entre los psicólogos) ensayo sobre los componentes del amor moderno basado en un análisis científico y pulcro, en donde venía a concluir que los componentes básicos del amor son esos tres factores. Sus conclusiones con respecto al efecto del tiempo en relación con estos componentes no son, en mi opinión, tan robustas. Pero vamos por partes.

Pasión


Cualquier relación puede definirse con estos tres ingredientes. La pasión es la capacidad (y la necesidad) de establecer vías de comunicación emocional principalmente relacionadas con la intimidad. Aunque es evidente su conexión estrecha con el aspecto sexual esta pasión no se define exclusivamente por el sexo, ni mucho menos. Se trata de la capacidad de emocionarse y de transferir emoción para construir un espacio emocional conjunto.

Ahora bien: esa pasión no tiene por qué ser siempre afectiva; el enojo y la emoción negativa son también un lenguaje cotidiano en las relaciones de pareja. Yo comunico emociones para generar ese espacio de estado emocional conjunto; cuando amo quiero transmitirlo para sentir que el otro "me devuelve la llamada", y cuando me irrito provoco las situaciones y las comunicaciones adecuadas para percibir que el otro "ha recibido mi mensaje". Necesito hacer saber que amo para sentirme atendido, y necesito hacer saber que estoy enfadado por la misma razón. La pasión, en resumidas cuentas, es un elemento de comunicación y de cohesión de pareja fundamental, con su propio lenguaje.

Al principio tal vez seamos un poco torpes en esto de entender el estado emocional de la pareja, pero en poco tiempo resulta fácil adivinar su estado de ánimo, aún cuando lo intente esconder o lo niegue abiertamente.

La pasión puede ser el único ingrediente de una relación, eso sí, tormentosa; donde la pareja no comparte amistades, redes sociales, propósitos, intereses...  Resulta una interacción muy atractiva por la intensidad de las emociones, las personales y las comunes, y por la exclusión del mundo circundante. Es una relación intensa y exclusivamente íntima.

Compañerismo


El compañerismo por su parte es un elemento congruente con dos aspectos importantes: los intereses comunes y la complicidad. Se trata de la capacidad de establecer una dinámica de pareja entre iguales, amigos, socios. Ser, además de amantes, cómplices. Y compartir intereses comunes, relacionados con el ocio o la sociabilidad, y que esos intereses comunes sean compartidos; no tanto por la imposición de estar en pareja o habitar el mismo espacio como por un genuino interés común.

El factor del compañerismo por sí solo también puede mantener y definir una relación de pareja. Se da cuando ambas personas se entienden y son cómplices en relación a su entorno social y familiar, se toleran y se respetan mutuamente. La comunicación pasional está limitada y suele evitarse el conflicto emocional, se tratan con respeto y con cariño pero todo es muy suave. Esas relaciones pueden durar muchos años por la fuerza de la inercia y la comodidad; sobre todo si ninguno de los dos es emocionalmente inestable, "resbaladizo".

Compromiso


En cuanto al compromiso, trata de la capacidad de concordar los objetivos. Es un aspecto fundamentalmente relacionado con los propósitos y con los planes de vida (por supuesto, no tener un plan de vida también es un plan de vida).

El compromiso obviamente puede mantener por sí solo un proyecto de pareja, no voy a abundar en lo evidente. Por ejemplo las relaciones que se mantienen "por los hijos" o "por el estatus", o relaciones en las que uno de los dos, o ambos, mantienen un proyecto de proyección pública.

También son populares las relaciones de dos ingredientes: pasión y compañerismo en parejas jóvenes, o con hijos de anteriores relaciones que mantienen independientes esos dos mundos, o parejas de personas marcadas por una fuerte autonomía. La combinación pasión - compromiso se da en relaciones más públicas, pero en las que sus componentes viven lo cotidiano de forma separada. No comparten círculos de amistades ni actividades, solamente lo referente a la familia y la intimidad. En cuanto a las relaciones de compañerismo y compromiso se dan en parejas que iniciaron una vida en común y con el tiempo han desarrollado una identidad independiente, pero mantienen los lazos formales y las relaciones públicas.

Y  el tiempo 


Por lo que se refiere al tiempo y su efecto con respecto a  estos elementos en mi opinión el pasional resulta ser el factor más resistente. Ya he dicho antes que la pasión pude no ser afectiva, y que trata de la capacidad de establecer un escenario emocional común. Con el tiempo aumentamos nuestra capacidad de entender y manipular las emociones del otro. Además, los vínculos afectivos (hablaremos de ellos en otra entrada) se refuerzan con la convivencia a través de las experiencias comunes, para bien y para mal. Esta fuerza de unión es una de las razones por las que las parejas fracasadas insisten en la convivencia, aún cuando ésta es destructiva. Podemos resumirlo diciendo que comunicar emociones intensas "engancha", incluso cuando éstas sean negativas.

El ingrediente más sensible al paso del tiempo es el compromiso, porque está basado en objetivos, y éstos, a medio plazo, se cumplen (con lo que dejan de serlo) o se sustituyen por objetivos nuevos, que a su vez pueden ser comunes o no.

Por último una cuestión crítica que pronostica la salud o la toxicidad de la relación es la capacidad de adaptarse al flujo del tiempo; nuestra plasticidad. Intereses que fueron comunes una década atrás pueden haber dejado de serlo hoy, del mismo modo que los objetivos. Mi forma de expresar mis emociones ahora, y la misma naturaleza de éstas, cambiarán sutilmente con el tiempo porque yo también cambio sutilmente, crezco y crecen mis perspectivas, mi mundo mental y su riqueza, mis vínculos, mis deseos, mi personalidad. Si cuando  conocí a mi pareja necesitaba un 60% de pasión ahora necesito más, por ejemplo, de amor compañero. No siempre las personas evolucionan en la misma dirección, desde luego, pero si no atiendes y cuidas las relaciones de forma consciente, entendiendo su funcionamiento, entonces dejas toda la concordancia necesaria en manos de la casualidad, o de la suerte.



sábado, 26 de enero de 2013

Haiku 2

Quien me conoce me juzga por mis actos. Yo me juzgo por mis emociones.

Hayku 2. de yo y de mi.

Nuestro pensamiento interpreta el mundo de los sentidos y de las percepciones, además de interpretar el mundo de la reflexión. Nos relacionamos con ese mundo (con los objetos, con los seres animados, con las personas) a través de él, de nuestro pensamiento. Se desprende que ese "pensamiento" no siempre es reflexivo, aunque sea consciente. Ese" flujo mental" que acompaña nuestro cuerpo y nos relaciona con el entorno es eso que llamamos cognición.

La cognición es consciencia, reflexiva o no, autoconsciente o no. Es cognición el sueño, la ensoñación ("estar en las nubes"), el miedo, en fin, todas las experiencias en las que interviene el sistema nervioso central en un estadio más complejo que el reflejo. Por ejemplo: es cognición el miedo, pero es reflejo el susto. Cuando el susto pasa el estadio reflejo puede convertirse en miedo o no, según nuestra cognición (que es más lenta que la respuesta refleja) haya interpretado que hay, o no, amenaza.

Pues bien: nuestra cognición tiene por objeto principal garantizar la relación de mi ser (cuerpo y consciencia) con el mundo, es la herramienta para relacionarme con el mundo, y lo hace a través de un mecanismo de selección reduccionista, es decir, eliminando de la información del entorno aquello que puede ser superfluo o simplemente innecesario para esa relación del ser con el mundo.

Esa tendencia a simplificar y eliminar información que tiene nuestra mente, ese sesgo simplificista, tiene como consecuencia muchos de los problemas cotidianos de la relación del ser con el mundo. El haiku 2 se refiere a un aspecto de ese problema.

Los demás y yo


Cuando juzgo la conducta de los demás lo hago, por supuesto, a través de mi propio juicio y comparando ese comportamiento ajeno con el modelo que tengo de mi propio comportamiento, de mi propia relación con el mundo. Mi cognición simplifica esa comparación, reduciéndola a un plano de supuesta igualdad. Pero en realidad comparo dos cosas muy diferentes entre sí. Porque mi comportamiento no es observado (yo no "me veo haciendo") y el que comparo no es autoinformado como el mío (ni estoy en su pensamiento ni puedo recrearlo. De hecho ni siquiera lo intento) Es como si comparáramos "alimentarse", en un caso observando la conducta externa de "comer", y en el otro viéramos con cámaras e instrumentos adecuados al estómago digiriendo.


miércoles, 23 de enero de 2013

Haiku 1


Lo contrario del odio es la pena, lo contrario del amor es el olvido.

Haiku 1. de la emoción del amor y del odio

Suele decirse que lo contrario del amor es el odio, por la intensidad de ambas emociones, su fuerza, y por el hecho de que son de signo contrario.

Las emociones contrarias son las que no pueden experimentarse al mismo tiempo. Son emociones contrarias, por ejemplo, la alegría y la tristeza.

En general se acepta que ambas emociones (amor y odio) son independientes. La independencia emocional implica necesariamente que ambas emociones puedan experimentarse a la vez. En otras palabras que la experiencia de una no condicione a la otra. Siguiendo el ejemplo anterior, alegría y tristeza son dependientes; estoy alegre en tanto en cuanto no estoy triste.

Puede decirse que se puede odiar y amar al mismo tiempo a alguien, fruto del  binomio atracción - rechazo. Se puede rechazar parte o todo de lo que nos atrae, se puede rechazar la misma atracción. Incluso se puede destruir o desear destruir lo deseado.

Odiar es rechazar


Odiar desplaza el objeto sobre el que proyectamos la emoción (el ser odiado, la cosa odiada) del espacio vital del ser sintiente, el que odia. Es la necesidad de hacer desaparecer del escenario vital lo odiado. En ese sentido es exactamente el signo contrario de la emoción del amor. El signo contrario, el valor extremo opuesto. Pero la relación vincular con el objeto de atracción / rechazo es la misma. Te amo porque me importas. Te odio porque me importas.

En el Haiku propongo la pena como el contrario al odio porque es imposible compadecerse de alguien y odiarlo a la vez. La emoción contraria al amor es la indiferencia: el amor diferencia algo o a alguien del resto y le atribuye significantes emocionales; la indiferencia hace iguales a todos los objetos o entes de ese escenario vital.

Dado que la indiferencia es un estado a priori (de entrada cualquier ser ajeno es indiferente si no tiene ningún atributo, como ser mi sobrino o mi vecino o el amigo de mi amigo, por ejemplo) y quiero encontrar la emoción contraria a una emoción a posteriori (el amor) uso el sustantivo de olvidar, olvido,  por la falta de significado en el ser u objeto antes deseado o amado; es decir, el olvido de sus atributos distintivos.