Bienvenida

Divulgación de psicología orientada a la resolución de problemas.
Este blog trata de emociones, conducta, personalidad y relaciones humanas.
Cada haiku es una condensación respecto a una definición, o a una idea.
Los textos son herramientas de reflexión. Explican el origen del haiku, pero su sentido se lo da cada cual.
Si buscas información para entender el comportamiento, espero serte útil.
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sábado, 9 de febrero de 2013

Haiku 8. pasión, compañerismo y compromiso

Robert Sternberg publicó en 1986 un famoso (al menos, entre los psicólogos) ensayo sobre los componentes del amor moderno basado en un análisis científico y pulcro, en donde venía a concluir que los componentes básicos del amor son esos tres factores. Sus conclusiones con respecto al efecto del tiempo en relación con estos componentes no son, en mi opinión, tan robustas. Pero vamos por partes.

Pasión


Cualquier relación puede definirse con estos tres ingredientes. La pasión es la capacidad (y la necesidad) de establecer vías de comunicación emocional principalmente relacionadas con la intimidad. Aunque es evidente su conexión estrecha con el aspecto sexual esta pasión no se define exclusivamente por el sexo, ni mucho menos. Se trata de la capacidad de emocionarse y de transferir emoción para construir un espacio emocional conjunto.

Ahora bien: esa pasión no tiene por qué ser siempre afectiva; el enojo y la emoción negativa son también un lenguaje cotidiano en las relaciones de pareja. Yo comunico emociones para generar ese espacio de estado emocional conjunto; cuando amo quiero transmitirlo para sentir que el otro "me devuelve la llamada", y cuando me irrito provoco las situaciones y las comunicaciones adecuadas para percibir que el otro "ha recibido mi mensaje". Necesito hacer saber que amo para sentirme atendido, y necesito hacer saber que estoy enfadado por la misma razón. La pasión, en resumidas cuentas, es un elemento de comunicación y de cohesión de pareja fundamental, con su propio lenguaje.

Al principio tal vez seamos un poco torpes en esto de entender el estado emocional de la pareja, pero en poco tiempo resulta fácil adivinar su estado de ánimo, aún cuando lo intente esconder o lo niegue abiertamente.

La pasión puede ser el único ingrediente de una relación, eso sí, tormentosa; donde la pareja no comparte amistades, redes sociales, propósitos, intereses...  Resulta una interacción muy atractiva por la intensidad de las emociones, las personales y las comunes, y por la exclusión del mundo circundante. Es una relación intensa y exclusivamente íntima.

Compañerismo


El compañerismo por su parte es un elemento congruente con dos aspectos importantes: los intereses comunes y la complicidad. Se trata de la capacidad de establecer una dinámica de pareja entre iguales, amigos, socios. Ser, además de amantes, cómplices. Y compartir intereses comunes, relacionados con el ocio o la sociabilidad, y que esos intereses comunes sean compartidos; no tanto por la imposición de estar en pareja o habitar el mismo espacio como por un genuino interés común.

El factor del compañerismo por sí solo también puede mantener y definir una relación de pareja. Se da cuando ambas personas se entienden y son cómplices en relación a su entorno social y familiar, se toleran y se respetan mutuamente. La comunicación pasional está limitada y suele evitarse el conflicto emocional, se tratan con respeto y con cariño pero todo es muy suave. Esas relaciones pueden durar muchos años por la fuerza de la inercia y la comodidad; sobre todo si ninguno de los dos es emocionalmente inestable, "resbaladizo".

Compromiso


En cuanto al compromiso, trata de la capacidad de concordar los objetivos. Es un aspecto fundamentalmente relacionado con los propósitos y con los planes de vida (por supuesto, no tener un plan de vida también es un plan de vida).

El compromiso obviamente puede mantener por sí solo un proyecto de pareja, no voy a abundar en lo evidente. Por ejemplo las relaciones que se mantienen "por los hijos" o "por el estatus", o relaciones en las que uno de los dos, o ambos, mantienen un proyecto de proyección pública.

También son populares las relaciones de dos ingredientes: pasión y compañerismo en parejas jóvenes, o con hijos de anteriores relaciones que mantienen independientes esos dos mundos, o parejas de personas marcadas por una fuerte autonomía. La combinación pasión - compromiso se da en relaciones más públicas, pero en las que sus componentes viven lo cotidiano de forma separada. No comparten círculos de amistades ni actividades, solamente lo referente a la familia y la intimidad. En cuanto a las relaciones de compañerismo y compromiso se dan en parejas que iniciaron una vida en común y con el tiempo han desarrollado una identidad independiente, pero mantienen los lazos formales y las relaciones públicas.

Y  el tiempo 


Por lo que se refiere al tiempo y su efecto con respecto a  estos elementos en mi opinión el pasional resulta ser el factor más resistente. Ya he dicho antes que la pasión pude no ser afectiva, y que trata de la capacidad de establecer un escenario emocional común. Con el tiempo aumentamos nuestra capacidad de entender y manipular las emociones del otro. Además, los vínculos afectivos (hablaremos de ellos en otra entrada) se refuerzan con la convivencia a través de las experiencias comunes, para bien y para mal. Esta fuerza de unión es una de las razones por las que las parejas fracasadas insisten en la convivencia, aún cuando ésta es destructiva. Podemos resumirlo diciendo que comunicar emociones intensas "engancha", incluso cuando éstas sean negativas.

El ingrediente más sensible al paso del tiempo es el compromiso, porque está basado en objetivos, y éstos, a medio plazo, se cumplen (con lo que dejan de serlo) o se sustituyen por objetivos nuevos, que a su vez pueden ser comunes o no.

Por último una cuestión crítica que pronostica la salud o la toxicidad de la relación es la capacidad de adaptarse al flujo del tiempo; nuestra plasticidad. Intereses que fueron comunes una década atrás pueden haber dejado de serlo hoy, del mismo modo que los objetivos. Mi forma de expresar mis emociones ahora, y la misma naturaleza de éstas, cambiarán sutilmente con el tiempo porque yo también cambio sutilmente, crezco y crecen mis perspectivas, mi mundo mental y su riqueza, mis vínculos, mis deseos, mi personalidad. Si cuando  conocí a mi pareja necesitaba un 60% de pasión ahora necesito más, por ejemplo, de amor compañero. No siempre las personas evolucionan en la misma dirección, desde luego, pero si no atiendes y cuidas las relaciones de forma consciente, entendiendo su funcionamiento, entonces dejas toda la concordancia necesaria en manos de la casualidad, o de la suerte.



domingo, 3 de febrero de 2013

Haiku 6

La personalidad es el paquete de respuestas que me adapta al medio. 

Haiku 6. de la identidad

Con mucha frecuencia utilizamos la personalidad como sinónimo de identidad. Y suele reservarse el temperamento, o el carácter para definir aspectos de la conducta más puntuales. Es decir: hablamos de la personalidad como algo complejo y más estable, y del temperamento o el carácter (a menudo no se distingue entre ellos) como algo relacionado con nuestra conducta más que con nuestra identidad, y más volátil.

Echando mano del diccionario, temperamento se define como "carácter, manera de ser o de reaccionar de las personas" , de modo que aquí también se utilizan como sinónimos. Y personalidad se define como "diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de otra"

Vamos a ver si lo aclaramos un poco.

Personalidad


"Persona" era el nombre común de las máscaras romanas con las que los actores caracterizaban a sus personajes. Todos tenemos en mente las dos más populares hoy,  Dionisos y Tánatos, las máscaras alegre y triste con las que se suele simbolizar el mismo acto teatral. Por aquellos tiempos era muy útil utilizar máscaras claramente diferentes para que el público pudiera reconocer a los personajes y su papel en la obra con facilidad. El espectador de la época distinguía al instante las facciones, el color y la forma de la máscara del esclavo, la señora de la casa o la el viejo verde, por poner unos ejemplos.

Podemos aprovechar este modelo para concretar la personalidad como un conjunto de rasgos y características que definen la singularidad de un ser humano, y lo individualizan con respecto a otro.

Temperamento


Las máscaras romanas podían ser de varios materiales, pero vamos a  fijarnos en las de madera. Para poder  curvarlas y que se adaptaran a la cara o a la cabeza el artesano las colocaba en  un horno en que, sin arder, se ablandaban lo suficiente para poder darles forma. Aunque las máscaras tuvieran los mismos rasgos, por la constitución de la madera, sus nudos e impurezas, y por la diferencia de elasticidad con respecto a la temperatura aplicada, lo cierto es que no salían dos exactamente iguales. Ese proceso de creación que incluye el material y la temperatura es el templado, y la base con la que se creará esa máscara la podemos llamar temperamento.


Podemos aprovechar este modelo para concretar el temperamento como un conjunto de rasgos y características que especifican la base genética y el medio biológico y ambiental en los que el organismo se ha desarrollado.

Carácter


Es fácil imaginar que los actores de la época pasaban muchas penurias; el oficio no estaba tan reconocido como hoy, y su vida era errática y algo incierta. Seguramente pasaban de una ciudad con teatro estable a otra, dando tumbos y acarreando consigo sus enseres y sus telares. Seguro que reconocían sus máscaras de las de cualquier otra compañía no solamente porque, aunque se parecieran mucho, no eran iguales, no tenían el mismo temperamento, sino porque además con el paso del tiempo habían sufrido golpes, inclemencias y accidentes que las habían marcado de forma única. La palabra griega para "marca" era "carácter".

Podemos aprovechar este modelo para concretar el carácter como un conjunto de marcas, de rastros biográficos, únicos para cada individuo.

Este es un haiku primerizo, para poder ponernos de acuerdo en sobre qué estamos hablando. Ayuda a distinguir lo que hacemos de lo que somos, y a reconocernos en nuestra personalidad, nuestro carácter y nuestro temperamento.



sábado, 2 de febrero de 2013

Haiku 5

Un hombre solo vive en una madriguera. Una mujer sola vive en un nido.

Haiku 5. del género y el tiempo

Al comparar hombres y mujeres siempre acabamos diciendo una mentira, o una verdad incompleta. Si decimos por ejemplo que los hombres son más fuertes que las mujeres, o más rápidos, menos limpios, o lo que se nos ocurra, encontraremos mujeres más fuertes que la mayoría de los hombres, u hombres obsesivos con la limpieza, y así con cualquier otra supuesta desigualdad. El sexo no explica ninguna de esas diferencias.

Sin embargo una cosa es cierta: los hombres y las mujeres son diferentes. Eso parece obvio, pero no es fácil concretar en qué.

Por lo que se refiere a las competencias y habilidades psicológicas y psicomotrices, la mayoría de las supuestas diferencias han caído hace tiempo. No hay diferencias en cálculo, ni en lenguaje, ni en memoria, ni en el conjunto de las inteligencias que un test o una batería de ellos puede calibrar. Persisten aún algunas diferencias estadísticamente significativas en rotación espacial (el cerebro masculino es supuestamente más hábil rotando mentalmente una figura en el espacio)  y en la capacidad de psicomotricidad fina (el cerebro femenino es supuestamente más hábil en destreza manual). Pero esas diferencias están también bajo sospecha, y posiblemente caigan pronto, si no lo han hecho mientras escribo estas líneas. Nadie pone en duda que la diferencia masculino - femenino no se da ni en inteligencia fluida,  ni en competencia, ni en habilidades.

Entonces, ¿cómo somos diferentes?


Obviaremos también el aspecto biológico: el cerebro femenino no está siempre en un cuerpo femenino, y lo mismo puede decirse del otro género. Dicho de otra manera: género y sexo no son siempre coincidentes. Por otra parte las diferencias biológicas se limitan al sistema neurohormonal. Nuestro interés no está centrado en los aspectos mecánicos del ser humano, sino en la relación del ser con el mundo. En cualquier caso sí es importante atender a una cuestión que desde la biología se ha explicado pocas veces: en el desarrollo del feto humano (y en general, en el desarrollo de las formas de vida, con contadísimas excepciones) la diferenciación, el cambio, es femenino. Por decirlo en palabras sencillas: al empezar a crearse todos los sistemas nerviosos son masculinos, o por decirlo más exactamente todos son neutros. El sistema femenino es el que se diferencia.

Desde el punto de vista de la memoria emocional y de la cognición hay algún aspecto que puede diferenciarnos con relativa claridad. Por ejemplo la vivencia del tiempo.

Francis Crick, el científico codescubridor de la molécula de DNA, se planteaba la continuidad del ser partiendo de la idea de que la mayoría de las células con las que nacimos no existen ya. No queda casi nada de lo que fuimos, si nos definimos como una colección de células. Y sin embargo tenemos una conciencia continua de identidad, somos nosotros desde que tenemos autoconocimiento.

Cerebro masculino, Cerebro femenino


Esa conciencia de continuidad en la existencia es común a los dos géneros, pero se vivencia de forma diferente. El cerebro masculino (el cerebro neutro) tiende a establecer estadios discontinuos de tiempo, a buscar paréntesis temporales. En otras palabras, se siente estable si percibe que nada cambia.

El cerebro femenino es mucho más sensible al paso del tiempo, y necesita a menudo expresar, "hacer realidad" ese cambio. Una decoración, por ejemplo, que no cambie o cambie poco, en pequeños detalles, proporciona una percepción de estabilidad a la mente masculina pero incomoda a un cerebro femenino. Es necesario hacer evidente, hacer realidad, el cambio.

Se entiende entonces que los objetos que nos rodean, y que definen nuestro espacio de cotidianidad, nuestro hogar, deben tener, además de funciones de comodidad y usabilidad,  una función significante "de cambio" que una mente femenina necesita, y que es opaca para una mente masculina. Eso mismo está relacionado con la estética, que caduca o cambia, y con el  papel que cumplen algunos de esos objetos, aparentemente inútiles, pero que dan sentido e identidad al conjunto.

Un cerebro masculino en soledad define un espacio vital minimalista y funcional. Estático.
Un cerebro femenino en soledad desarrolla una capacidad de traducir a su entorno dos aspectos definitorios: su propia identidad y su dinámica de cambio.
Es el significado del Haiku 5


lunes, 28 de enero de 2013

Haiku 4

Todo lo que pasa, pasa para siempre.

Haiku 4. del tiempo

Podemos mantener en la memoria inmediata entre siete y nueve números. Por ejemplo: te dictan un número de teléfono y lo retienes en la mente hasta marcarlo en el teclado; unos segundos. Es frecuente que te ayudes de una repetición, a veces en voz baja, para recordarlos.

En cuanto a tu memoria de trabajo, puedes por ejemplo recordar aproximadamente dónde has dejado el coche en el estacionamiento de un centro comercial, y una hora más tarde regresar al mismo escenario y orientarte hasta encontrarlo. No recordarás el sitio en el que aparcaste la última vez que estuviste allí hace un mes, por ejemplo, pero sí más o menos dónde está ahora.

Por supuesto, la memoria a largo plazo es la más popular. Y de ella, la biográfica es la que tiene mejor prensa de certidumbre: desde luego sabes todos los días cómo te llamas.
Sin embargo esa supuesta fidelidad de nuestra memoria biográfica no es tan fina como parece, y a veces resulta una fuente de problemas para nuestro pequeño mundo mental.

Lo que no podemos retener en nuestra memoria, ni aún en la de corto plazo, es el tono de un color. Fíjate en uno determinado, pasa a la habitación contigua e intenta seleccionarlo de entre una muestra amplia de tonos de ese mismo color. Probablemente te equivocarás.

Vamos a ver ahora qué tiene que ver todo eso con la memoria emocional.

Emoción y memoria


Si intento "imaginarme" una emoción asociada a una idea (por ejemplo: me imagino que mi pareja me engaña, o que fallece un ser querido, o que me toca la lotería) lo que sucede es que esa emoción inventada la racionalizo y sólo se parece en parte a la emoción real, en su componente más racional. Como el tono del color que recuerdo. Es "como si", pero no "es" la emoción genuina.
En otras palabras: no soy capaz de imaginar mis emociones proyectadas a futuro.
Ahora bien: puedo saber que estaré contento, o triste, o enfadado... sólo que no puedo experimentar, no puedo "vivenciar" esa experiencia. La "imaginación emocional", como la "imaginación  del color", no funciona.

En cambio con el recuerdo emocional sucede lo contrario. Una vez he sufrido una pérdida, por ejemplo, me resulta relativamente fácil remover mi cognición emocional hasta recuperar aquel tono, y volver a entristecerme. Incluso podríamos decir que soy vulnerable al eco de ese recuerdo emocional durante mucho tiempo. En algunos casos, para siempre.

Pero mi memoria declarativa, esa que racionaliza los acontecimientos de mi vida y me empuja a ser siempre "yo, conciencia de mí" puede dictarme la voluntad, mezclada de deseo, de que algo que ha impactado en mis emociones "no haya pasado en realidad", "no sea lo que parece", "no lo tenga en cuenta", "lo olvide".

Y ese empeño, esa voluntad de esfuerzo por contemporizar, por trivializar un impacto emocional, puede mantenerme en ese propósito durante tanto tiempo que acabe agotando mi voluntad de construir, de resolver.
No se trata de no poder poner remedio, ni de determinismo, ni de fatalidad.

Recuerda


Se trata de saber a qué te enfrentas, que tu memoria emocional no funciona con voluntad ni con deseo. Se trata de resolver los nudos para poder seguir peinando. Se trata de que entender nuestras emociones es imprescindible, pero no es suficiente. Esos obstáculos hay que superarlos, no pueden rodearse.
En el recuerdo declarativo lo pasado pasado está, y puede olvidarse o reescribirse. La memoria declarativa es plástica y racional.
Pero en nuestra memoria emocional todo lo que pasa, pasa para siempre.