"Timidez" es una palabra mucho menos negativa que "cobardía", y sin embargo ambas tienen un genitivo común, dado que la raíz de tímido es la misma que la de temor. Tímido es el que teme.
En general suele usarse como sinónimo de persona retraída o introvertida. Sin embargo la timidez es un estado mental, no un rasgo caracteriológico. Eso explica que una persona "tímida" en algunos escenarios se comporte de un modo francamente extrovertido en otros. "Juan es tímido, pero cuando coge confianza..." Date cuenta de que la introversión sí que es un rasgo, y por tanto estable; es decir, se sostiene a través de diferentes circunstancias y entornos, haya familiaridad (y confianza) o no la haya.
La personalidad Tímida
Podemos decir que, para evitar el equívoco entre "ser tímida" y "estar cohibida" preferimos hablar de "personalidad evitadora". Como decíamos más arriba, la timidez es un estado mental (con su emoción asociada, la vergüenza) mientras que la personalidad no es un estado sino un rasgo estable. Esta personalidad en concreto tiene un mundo mental muy característico. Desde el punto de vista de la vulnerabilidad lo más relevante es su fragilidad ante la ansiedad, continuamente generada en su vida por un permanente miedo a la evaluación y el rechazo por parte de los demás. Esta característica les impide, por ejemplo, progresar en el medio laboral, porque nunca se postula a un cambio, consecuencia de ese miedo a la evaluación.
Si la personalidad contiene una proporción media de compulsividad es metódica y escrupulosa en el trabajo, da importancia a los detalles pero no los significa ante los demás. Silenciosa y laboriosa puede llevar adelante proyectos complejos. Si la personalidad contiene proporciones elevadas de compulsividad entonces es muy desadaptativa, inhibe fuertemente la conducta social e incrementa de forma importante la ansiedad, lo que les convierte en personas apartadas, a menudo propensas al consumo desordenado de sustancias psicoactivas (alcohol, medicamentos, drogas sedantes...).
Evitación y miedo
Seguramente a estas alturas está claro que la evitación que sufren estas personas es a las otras personas. Si has llegado a esta conclusión, me he explicado mal.
Lo que la personalidad evitativa evita es la ansiedad. Las situaciones en las que se ve evaluada o amenazada su autoimagen por la percepción de los demás le generan ansiedad, y de esa ansiedad escapa evitándolas.
En general la personalidad con esta estructura es sociable y padece por autoexclusión. Teme el rechazo pero sufre el aislamiento. Algunas de estas personalidades (las que tienen componentes más anampáticos, más cercanas a la personalidad independiente que veíamos en los haikus 10 y 11) no tienen esa necesidad de sociabilidad. Estas personas sufren también la misma ansiedad recurrente ante la evaluación y el miedo al rechazo. Pero es cierto que son más evidentes los efectos en la conducta observable de aquellas personalidades empáticas, o simplemente más conscientes de la necesidad humana de interacción social.
El mundo mental
Beck y Freeman (1992) centran la génesis de esta personalidad en una infancia marcada por la crítica o el rechazo, explicación sin embargo no argumentada. Si exploran los esquemas cognitivos y sociales de esta personalidad con acierto: esquemas como "no gusto", "soy diferente", "no encajo" "la gente me rechazará si me conoce" son perfectamente definitorios de ese mundo mental, al que por cierto es difícil acceder porque las personas con estos pensamientos no suelen acudir por su propia iniciativa a terapia y, cuando lo hacen, son muy reacios a sincerarse respecto a su escenario personal.
En cuanto al miedo ya hemos comentado que está fundamentado en la emoción asociada al rechazo, no en el rechazo en sí.
Como esa emoción está originada por ellos mismos, es automática, y no se regula por la reflexión o por la voluntad, resulta entonces que es inescapable.
En general colocan una fachada (a veces obviamente artificial, o forzada) para relacionarse con los demás con el propósito de evitar "ser descubiertos". Ese esfuerzo es un componente más de presión que ayuda a la evitación y la refuerza.
La Pareja
Como personalidades inseguras, a las que les cuesta establecer contacto, cuando lo hacen son sumamente estables, muy acomodaticias, y extremadamente fieles.
Esta personalidad es una clara y rotunda compañera en segundo plano, capaz de los mayores sacrificios por el bien de la pareja. Solidaria y fiable puede asumir las necesidades individuales del otro como propias, y cuando establece la pareja ésta está permanentemente tenida en cuenta en su mundo mental, por lo que es muy cuidadosa con sus necesidades.
Sin embargo en los casos más extremos la pareja funciona como un facilitador para la personalidad evitadora, simplificándole la vida en aquellas cosas que son ansiógenas para ella. Eso lleva a la pareja a convertirse en realidad en un refuerzo de la propia evitación, y a significar además su rol como más autónomo y más independiente. El cónyuge puede llegar a la extenuación de la relación porque siente que la intimidad y la colaboración igualitaria es, con estas personas, inalcanzable.
Y el silencio en que ellas suelen buscar refugio es, paradójicamente, el principal explosivo de la destrucción.
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