Veíamos en una entrada anterior los factores básicos de la personalidad de Eysenck : extraversión, estabilidad emocional y empatía (y sus límites opuestos: introversión, neuroticismo y anampatía). Costa y McCrae va a proponer dos más: responsabilidad y apertura mental. Todos esos factores tal vez puedan explicar lo que tienen en común los diferentes tipos de personalidad. Pero: ¿cuántos tipos de personalidad hay?
Tipos de personalidad...
Bueno, podemos distinguir la personalidad patológica. No lo hemos dicho todavía, pero la patología es un extremo de la normalidad; es decir: la extraversión patológica es extrema, la neurosis patológica también es extrema... La personalidad patológica es el extremo de la personalidad adaptada, de la personalidad "normal".
De modo que podemos examinar los grupos o patrones de personalidad patológica, y sospechar que, en el otro extremo, es decir, en menor grado, se encuentran las personalidades "normales".
Los trastornos de personalidad principales son 10. En palabras llanas (entre paréntesis los haikus que hablan sobre ellas):
...Y sus haikus
(9) Personalidad suspicaz, (10) personalidad aislada, (11) personalidad excéntrica,
(12) personalidad "borde", (13) personalidad inestable, (14) personalidad melodramática,
(15) personalidad narcisista, (16) personalidad tímida, (17) personalidad dependiente
y (18) personalidad obsesiva.
Todas esas personalidades tienen todos sus ingredientes comunes. La diferencia está en las proporciones.
Sospecha
Evidentemente la desconfianza es un recurso de supervivencia. En la infancia pasamos por una fase de miedo a los extraños genéticamente programada; la vinculación al grupo en la adolescencia (que incluye la adquisición de la identidad) funciona a través, casi exclusivamente, de la confianza en común. Como contrapartida, la sospecha, la desconfianza o la "paranoia" (una palabra que significa contra el espíritu) nos ayudan a protegernos del mundo y sus amenazas. Previenen el engaño, la manipulación y la utilización por parte de los otros. Su principal mecanismo de activación es la percepción de falta de transparencia en los motivos del otro, o de ocultación de información: la sospecha.
Esa desconfianza la podemos imaginar como un termostato, un interruptor que se activa ante una determinada densidad de información. Por ejemplo, si me encuentro a mi pareja desnuda con otra persona en la cama y diciéndome aquello de "cariño, no es lo que parece", la situación tiene suficiente densidad de información para que yo pueda sacar conclusiones absolutamente independientes de lo que la otra persona me apunte. Esa "densidad de información" casi nunca es tan clara; lo más normal es que existan diferentes explicaciones, unas más amenazadoras que otras, para alumbrar las razones del comportamiento de los demás.
Personalidad suspicaz
La personalidad suspicaz parte de los siguientes principios básicos: los demás pueden ser tramposos en cualquier momento, los demás pueden ser una amenaza ante cualquier oportunidad, las amenazas se pueden neutralizar si estás siempre alerta y, por último, no soy tan bueno como los demás dándome cuenta de esas cosas, así que tengo que vigilar y no bajar nunca la guardia. En cuanto a su relación con el mundo, esta personalidad se puede dar en personas solitarias o muy sociales, abiertamente quisquillosos o reservados, obstinados o independientes.
Date cuenta de que los principios básicos de la personalidad suspicaz los puede abrazar cualquiera; el quiz de la cuestión está en la proporción, en la dosis. En la escena de cama descrita antes todos esos pensamientos tienen cabida. En una situación en la que mi pareja llega media hora tarde del trabajo esos pensamientos también son "posibles", pero no son "plausibles" si no hay una situación general previa concordante con esa sospecha.
Ahora bien: al sospechar que "no soy tan bueno como los demás dándome cuenta de esas cosas" el suspicaz articula un mundo mental sin fin que es, además, su propio infierno, porque el siguiente paso es "si no veo la trampa es porque no lo he pensado lo suficiente"; es decir, buscará una razón escondida, un motivo oculto, y no parará de sospechar hasta que se le ocurra. Una vez lo tenga en la mente examinará señales, información o indicios que lo corroboren, no atendiendo además a la información obvia, si es contraria a su tesis.
Y los celos
La celotipia (el trastorno emocional por celos) es corriente en la vida de pareja de estas personas. En sus relaciones además se manifiestan permanentemente los agravios de los demás, los ataques en el trabajo, en la vecindad, en la familia, etc. La vida en pareja con una personalidad suspicaz pasa necesariamente por afrontar y superar todo esto en común, pero atendiendo en primer lugar no los pensamientos troncales ("los demás pueden ser tramposos en cualquier momento, los demás pueden ser una amenaza ante cualquier oportunidad, las amenazas se pueden neutralizar si estás siempre alerta") Sino principalmente el central "no soy tan bueno como los demás dándome cuenta de esas cosas, así que tengo que vigilar y no bajar nunca la guardia".
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