Bienvenida
Divulgación de psicología orientada a la resolución de problemas.
Este blog trata de emociones, conducta, personalidad y relaciones humanas.
Cada haiku es una condensación respecto a una definición, o a una idea.
Los textos son herramientas de reflexión. Explican el origen del haiku, pero su sentido se lo da cada cual.
Si buscas información para entender el comportamiento, espero serte útil.
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domingo, 31 de marzo de 2013
Haiku 14. del melodrama
Hemos visto ya personalidades expresando sus emociones de forma contenida y también hemos visto a otras con dificultades, conscientes o no, para la comunicación emocional. Hemos visto alguna personalidad víctima de la inestabilidad emocional y alguna otra manipuladora de las emociones de los demás. Vamos a ver ahora cómo se desenvuelve una personalidad que, queriendo ser manipuladora, resulta a menudo víctima de su propia inestabilidad y "asintonía emocional": la personalidad melodramática.
Melodrama y género
La tradición en psicología y psiquiatría relacionaba este tipo de personalidad con la represión emocional, por ejemplo con las víctimas de abusos sexuales en la infancia u otros traumas. Además solía caracterizarse como mucho más presente en lo femenino, como si fuera una "personalidad de género". Lo cierto es que el comportamiento de esta personalidad estereotipa ambas condiciones, es decir: la mujer es casi una caricatura de lo femenino y el hombre es casi una caricatura de lo masculino. Seductores, provocativos, dispuestos a plasmar su rol (de conquistador o de sumisa )... Ambas conductas se dan con más o menos equidad entre los dos. Quizá por lo llamativo, la provocación en el vestir y el comportamiento de la mujer sea simplemente más visible. Hoy se conocen diferentes estudios que demuestran la falsedad de la teoría de la "personalidad de género"; del mismo modo que la "personalidad borde", que hemos descrito en otro haiku, no resulta tampoco un arquetipo de personalidad masculina.
El melodramatismo y la teatralidad en la conducta
Vaya por delante que algunos lectores encontrarán que muchos de los rasgos de este estilo de personalidad les son familiares, y es posible que en algún detalle se reconozcan a sí mismos. Las características más visibles desde el punto de vista de la conducta de la personalidad melodramática son la expresividad, la extroversión, la manifiesta sociabilidad y su comportamiento de grupo. Todas ellas relacionadas con la comunicación y el comportamiento social, y todas con muy buena prensa. Quiero decir que es más popular ser extrovertido que introvertido, por ejemplo; siendo ambos rasgos igual de adaptativos, sanos y válidos en una personalidad normal. Esa "buena prensa" de los rasgos sociales hace que sean comportamientos de elección más frecuente porque es reforzado por el grupo (la empresa, el aula, la familia...).
Aquí no se trata sin embargo de la elección de conducta en entornos sociales sino de una personalidad tipo que se expresa en el mundo mental, y por lo tanto en cualquier entorno.
Suelen ser cuidadosas con su aspecto, al punto de resultar en ocasiones manifiestamente vanidosas en el vestir. En sus variantes más agudas esta personalidad viste de forma claramente provocadora.
La expresión de sus amistades y enemistades, de sus filias y sus fobias, está completamente carente de matices. Eso se traduce en que puede considerarnos un amigo del alma ahora, y poco después, tras algún desengaño real o imaginado por su parte, pasar a engrosar las filas de los enemigos a muerte.
El exceso emotivo
Estas personas suelen expresar sus emociones de manera exagerada. A menudo parecen vanidosas y egocéntricas, y se sienten incómodas cuando no son el centro de atención. El egocentrismo característico es uno de sus principales enemigos porque, a lo largo de su recorrido vital, muchas personas próximas se lo han hecho notar, con lo que esta personalidad ha desarrollado un mecanismo de compensación que generalmente se traduce en un esfuerzo de generosidad volitiva, es decir, intencionada. Como su estado emocional es muy resbaladizo, y además esa generosidad está siempre en un plano consciente, es decir, no es una generosidad automática, los cambios de estado la convierten en generosidad inconsistente. Las personas a su alrededor suelen concluir que su generosidad, como sus valoraciones, no son muy de fiar.
Son seductoras y les inquieta mucho vivir la sensación de no conseguir seducir, conectar, con el otro. Pueden cambiar de apariencia, de comportamiento, de opinión incluso, con el único propósito de conseguir esa seducción. Cuando se encuentran con una personalidad con la que no consiguen sintonizar tras haber desplegado todos sus encantos la rehuyen, y a menudo la consideran una amenaza. Casi siempre buscan apoyos, alguien que les tranquilice y que apruebe su conducta. En cuanto a sus emociones genuinas, éstas están generalmente mediadas, en sus aspectos negativos, por una explosiva mezcla de compulsividad y frustración.
La mente
Su estilo mental es extremista e inestable; ven el mundo y sus acontecimientos en términos de blanco o negro.. Les gusta mediar en las vidas de los demás y suelen estar dispuestos a sacrificarse de un modo honesto, pero esa necesidad de brillar en el centro de todas las situaciones a cualquier precio hace que desplacen a la persona atendida por ellas mismas, lo que evidentemente resulta una pobre fuerza de ayuda.
Algunas variantes de esta personalidad son claramente vivaces, activas y muy impulsivas. Otras son más dependientes. En otros casos sus rasgos característicos se expresan de un modo infantil. Siempre que se sienten amenazados o agredidos desarrollan una conducta intrigante y maquinadora, escondiendo sus intenciones a veces durante largos períodos de tiempo, por lo que pueden ser peligrosos en las relaciones si somos objeto de su ira, fundamentada o no. A menudo no se les ve venir. Su anampatía de base les facilita poder suspender la sintonía emocional con la otra persona en el momento más inesperado, casi siempre cuando más se les necesita.
Algunos teóricos de la personalidad (Eli Somer, Cynthia Schupak y otros) han relacionado esta personalidad con la ensoñación inadaptada, una característica cognitiva y emocional que se concreta en una fantasía excesiva, compulsiva. Esa competencia entre el mundo real con el mundo fantaseado al que la persona acude recurrentemente explicaría la dificultad que presentan en la concreción de sus problemas y las "salidas por la tangente" tan características de este estilo de personalidad.
La pareja
La convivencia con esta personalidad no es fácil, pero desde luego es entretenida. Antes o después la valoración del otro cambiará de signo para ella, pasando de ser "absolutamente fantástico" a "absolutamente despreciable". Esta ambivalencia puede fluctuar de forma esporádica durante años, en algunos casos toda la vida. Y es que aunque la personalidad sea característicamente inconsistente, la convivencia y el trato se pueden afianzar en relaciones de muy largo recorrido. Es una compañera tenaz, creativa, capaz de asumir los retos mayores y las situaciones más difíciles casi con indiferencia, lo que proporciona a la pareja un acopio de coraje. Son facilitadoras sociales; su mimetismo emocional y su manejo en las situaciones públicas pueden simplificar la vida social de su acompañante, sobre todo si no se maneja bien en esos ámbitos.
Se sienten atraídas por la personalidad narcisista, de la que hablaremos próximamente, y por el resto de las personalidades anampáticas. Con las empáticas (dependiente, tímida, etc) se llevan bien pero no congenian lo suficiente para establecer relaciones de pareja. Les caen bien, pero no les atraen. Las más intensas se dan con la personalidad inestable con la que, si llegan a establecer una pareja, resulta siempre extraordinariamente tormentosa.
domingo, 17 de marzo de 2013
Haiku 13. de la inestabilidad
Ya hemos visto alguna personalidad anampática, es decir, carente de la capacidad para sintonizar con las emociones ajenas. También hemos dicho que este factor tiene su complementario, la empatía, con mucha mejor prensa y popularidad aunque no es ni mucho menos tan inocua. No se trata de "bueno" o "malo"; la bondad o la maldad de los factores está en su proporción. Por ejemplo la empatía resulta un grave problema cuando va emparejada con una falta de asertividad, o sea, cuando a menudo digo "sí" pero quiero decir "no". También es problemática (la empatía, digo) si mi personalidad necesita ser atendida por mí mismo (me refiero a la autoimagen y a la autoestima) y esa "vivencia proyectada de las emociones de los demás" me impide atender a mi propia identidad con desahogo.
Bueno. Pues entre la empatía y la anampatía habita una personalidad. Vive en el límite, en la frontera entre esos dos escenarios mentales. A esta persona la capacidad de conectar con las emociones de los demás la coloca en una situación de defensa; es emocionalmente inestable y explosiva, sus relaciones y su vida laboral están marcadas por las rupturas o los choques y por las reconciliaciones.
Su vida es un desorden emocional y una montaña rusa. Cuando se queda a solas puede padecer sensaciones de vacío existencial, vital, que le lleva a sufrir vértigos emocionales. Intenta compensarlo con el contacto, la comunicación o el trato con otros. A veces buscará a la persona o las personas más importantes o significadas pero puede ser también que esta ansiedad lleve a una búsqueda de contacto superficial e incluso anónima.
No es rara la conducta de riesgo en las relaciones interpersonales y una marcada compulsividad en alguna área de la vida. (Como hemos dicho otras veces las más comunes son la comida, el alcohol, tabaquismo y resto de sustancias psicoactivas, el sexo, las compras y el juego).
Entre la empatía y la anampatía
Bueno. Pues entre la empatía y la anampatía habita una personalidad. Vive en el límite, en la frontera entre esos dos escenarios mentales. A esta persona la capacidad de conectar con las emociones de los demás la coloca en una situación de defensa; es emocionalmente inestable y explosiva, sus relaciones y su vida laboral están marcadas por las rupturas o los choques y por las reconciliaciones.
Su vida es un desorden emocional y una montaña rusa. Cuando se queda a solas puede padecer sensaciones de vacío existencial, vital, que le lleva a sufrir vértigos emocionales. Intenta compensarlo con el contacto, la comunicación o el trato con otros. A veces buscará a la persona o las personas más importantes o significadas pero puede ser también que esta ansiedad lleve a una búsqueda de contacto superficial e incluso anónima.
No es rara la conducta de riesgo en las relaciones interpersonales y una marcada compulsividad en alguna área de la vida. (Como hemos dicho otras veces las más comunes son la comida, el alcohol, tabaquismo y resto de sustancias psicoactivas, el sexo, las compras y el juego).
También puede ser compulsiva por la vía de la autodestrucción, por ejemplo mediante pequeñas lesiones que reducen su sensación de ansiedad (cortes o quemaduras), o alimentando el sexo de riesgo o el "sexo duro", aunque estos comportamientos son menos frecuentes
Todas estas situaciones son el resultado de una vulnerabilidad extrema a la ansiedad intensa, Durante los períodos de la vida en los que está sometida a fuerte estrés es susceptible de padecer ausencias mentales e incluso dificultades de coherencia.
Todas estas situaciones son el resultado de una vulnerabilidad extrema a la ansiedad intensa, Durante los períodos de la vida en los que está sometida a fuerte estrés es susceptible de padecer ausencias mentales e incluso dificultades de coherencia.
El Miedo y la Rabia
El principal temor de esta personalidad es el rechazo sin posibilidad de defensa, o aún peor, ser ninguneado o descalificado emocionalmente. Es notable su reacción ante el retraso en una cita, por ejemplo, o ante un cambio de planes. En general se siente atacada cuando percibe que no ha sido tenida en cuenta. Esta situación suele acarrear una respuesta emocional de rabia o enfado desenfrenados, y una beligerancia que hace imposible el acuerdo o la reconciliación. Ese estado emocional sólo se frena ante la percepción de "haber devuelto el daño".
Como a menudo la fuente de su ira no cree haber hecho nada tan grave (por haberse retrasado, o por haber adaptado sus planes a una demanda nueva, por ejemplo) se da la circunstancia de que la conciliación es difícil o imposible, es decir, se provoca necesariamente el conflicto y la crisis sin solución de continuidad.
Como a menudo la fuente de su ira no cree haber hecho nada tan grave (por haberse retrasado, o por haber adaptado sus planes a una demanda nueva, por ejemplo) se da la circunstancia de que la conciliación es difícil o imposible, es decir, se provoca necesariamente el conflicto y la crisis sin solución de continuidad.
Personalidad Intensa
Oldham y Morris (1995) describieron una variante de esta personalidad ("personalidad de estilo mercúrico"): procesa la experiencia desde un punto de vista emocional y no desde un punto de vista lógico formal, y es capaz de mostrar sus sentimientos con espontaneidad (a menudo se la considera "demasiado franca") y con creatividad. Socialmente activa, está dispuesta a la experimentación en el ámbito de las relaciones interpersonales y puede explorar diversos roles con sus diferentes sistemas de valores.
Sus relaciones puntuales, anecdóticas, se convierten inesperadamente en relaciones de alta proximidad, lo que precipita un aumento de la densidad en la relación que atropella los acontecimientos a menudo en un sentido no deseado. Como reclama un nivel de vinculación de la pareja súbitamente alto se suele encontrar ante dos posibles escenarios: o la pareja entra en el juego de forma natural , lo que pronostica una relación turbia y jalonada de episodios de alta intensidad emocional, o se produce un rechazo de plano que enfría súbitamente la relación y en ocasiones la finaliza.
Esta necesidad de "fusión" es sin embargo paradójica porque en breve se encontrará reclamando independencia, reclamación que expresará también de forma intensa, en algún caso con episodios de infidelidad o de distancia, consecuencia de la necesidad de compensar una situación de dependencia que, en definitiva, la personalidad ha construido sin ayuda. Puede pasar de la idealización a la devaluación, de las personas (entonces su capacidad de adaptación está dañada) o simplemente de su comportamiento. En cuanto a la búsqueda de sensaciones, si bien es cierto que constituye un peligro asociado a la compulsividad, puede ser también un factor de enriquecimiento personal a través de la multiplicidad de experiencias, siempre y cuando pueda acomodarlas en su propia identidad sin daño.
La inestabilidad estable
La explosión emocional a la que nos referíamos antes puede ser modulada y la personalidad aprende con el tiempo a modularla, con lo que esas reacciones intensas no tienen porqué ser destructivas. Si presenta un perfil de bajo tono vital (salvo en los episodios de ira, naturalmente) su trato puede resultar algo más flexible. Si su estilo es vital o simplemente más activo se manifiestan con más claridad los componentes ansiosos.
En cuanto a la impulsividad, si la personalidad se complementa con un estilo de personalidad aislada (que veíamos en un haiku anterior) será mucho menos orgánica, menos voluble, pero al mismo tiempo con una fuerte presencia del sentimiento crónico de vacío que puede resultar muy incapacitante. La compulsividad compensa parcialmente el componente destructivo de ese sentimiento pero, como es lógico, su impulso genera otras amenazas. De lo visto con respecto a esta personalidad me quedo con una frase de Schmideberg: su inestabilidad es estable.
La pareja
En cuanto a sus relaciones de pareja y aunque es difícil echar a andar con una persona de estas características, si la relación supera los primeros pasos y la vinculación afectiva es buena pueden funcionar muy bien y aportar un valor de incondicionalidad en el vínculo emocional que es difícil encontrar en otro tipo de personalidad, si es que hay alguno.
La relación funciona bien cuando se establece un marco emocional y funcional estable, y estas personas pueden enriquecer mucho una relación con una pareja cuidadosa y tolerante que simplemente entienda el proceso. A medio y largo plazo son parejas de valor, enriquecedoras en un flujo de vida que, en el mejor de los casos, jamás será aburrido, ni gris, ni tibio, ni predecible.
La relación funciona bien cuando se establece un marco emocional y funcional estable, y estas personas pueden enriquecer mucho una relación con una pareja cuidadosa y tolerante que simplemente entienda el proceso. A medio y largo plazo son parejas de valor, enriquecedoras en un flujo de vida que, en el mejor de los casos, jamás será aburrido, ni gris, ni tibio, ni predecible.
domingo, 10 de marzo de 2013
domingo, 3 de marzo de 2013
Haiku 12. de la rotundidad
Al principio la palabra "simpatía" significaba "sentir igual que el otro". O sea: la simpatía no estaba relacionada con la buena disposición o el buen ánimo, sino simplemente con la concordancia en la emoción. Lógicamente "antipatía" era la reacción contraria a la emoción emitida por el otro, la oposición a esa concordancia emocional. Las dos palabras comparten la voz "pathos", que viene a significar pasión o emoción íntima, intensa e inducida, como por ejemplo ante la presencia de alguien deseado o amado, o ante un objeto o acontecimiento (una obra de arte, una música) conmovedor.
De modo que la simpatía era la sintonía con la emoción en el otro, y la antipatía su disonancia.
Bueno, como simpatía es hoy una palabra con otros significados (modo de ser agradable, inclinación afectuosa, etc.), cuando queremos hablar de esa concordancia usamos "empatía".
Empatía y Anampatía
Así que en resumidas cuentas soy "empático" si sintonizo la emoción del otro y la puedo proyectar sobre mis emociones; vivirla de algún modo como propia.
Pero soy "antipático" si a esas emociones del otro, que he sintonizado correctamente, opongo resistencia. Si me niego a converger y rechazo frontalmente, explícitamente, la "concordia" emocional.
Entonces: hay un factor comunicacional llamado "empatía" que tiene dos valencias (dos valores extremos) : positiva y negativa; simpatía y antipatía. La primera es la concordancia, la segunda la disonancia de la comunicación emocional. Fíjate que en la antipatía la persona sabe la emoción del otro, pero no la acepta.
Por último: el opuesto de este factor es la "anampatía", la facilidad para generar distancia emocional y mental con las emociones de los demás. O la dificultad para entender el mundo emocional y mental del otro, como quieras. Y también tiene dos valencias: positiva y negativa, aceptación y rechazo. Un anampático positivo no crea conflicto, más bien intenta "sintonizar", aunque sea "de oído" . Puedes imaginarte a esa persona intentando caer bien, diciendo cosas que se supone son agradables, mostrándose conciliador, pero te das cuenta enseguida de que es un patoso emocional, una persona con dificultades para transmitir sintonía.
En cuanto a la valencia negativa, un anampático negativo no es antipático sino clara y definitivamente "borde" (impertinente, desagradable, odioso, incómodo).
El antipático está emocionalmente activado: soy antipático porque me enfado, o me ofendo, o simplemente me incomodo. Pero quien se expresa de esa forma "borde" no lo hace enfadado o molesto, al contrario; lo que nos desagrada de su comportamiento es que lo hace de forma fluida, sin expresar emociones intensas.
Personalidad y Anampatía
Del espectro de la anampatía habíamos hablado ya, aunque sin mencionarla. La personalidad aislada y la excéntrica son anampáticas, tienen dificultades para sintonizar con el mundo emocional de los demás. Eso no significa que no lo intenten, como hemos visto. Pero hay un espectro de la conducta, un tipo de personalidad, que no entiende el mundo mental de los demás aunque imita el comportamiento como si lo hiciera. Esa personalidad puede ser seductora, impulsiva, ocurrente, locuaz, activa... y rotunda.
Tiene aversión al aburrimiento, es astuta y voluble aunque ella cree que su opinión es siempre la misma, puede ser manipuladora y con falta de remordimiento: cree que lo que piensa es la verdad porque siempre elige bien; su moral es la acertada porque discrimina el bien del mal según su propio criterio, es decidida y asertiva, justifica sus actos por sus razones. Piensa que hace lo que hacen los demás; al fin y al cabo todos se preocupan por sí mismos. Como las otras personas esgrimen sus emociones para manipular a los demás, la manipulación emocional está justificada.
Esta personalidad presenta muchos rasgos que son muy valorados y deseados por la mayoría lo que a menudo les convierte en modelo, sobre todo si esos rasgos no son exagerados, es decir, si conserva una conducta adaptada. Puede resultar muy atractiva, segura de sí misma, y consigue con relativa facilidad un estatus de poder.
En el ámbito laboral puede ser explotadora y celosa de las habilidades, las capacidades y sobre todo el éxito de los demás. Tiene un sentido grandioso de sus méritos y a veces adopta un estilo de vida parasitario. Su afecto es superficial, pero lo disimula. Puede mentir con naturalidad para conseguir sus objetivos o simplemente para manipular o provocar desconcierto.
Su control de la conducta sin embargo no es muy bueno; presenta a menudo compulsividad con las sustancias o con las compras, aunque también se puede dar la compulsividad en ámbitos aparentemente muy sanos, como el deporte, que puede practicar con dedicación inusual. Es muy resistente a adaptarse a la autoridad o la norma; fácilmente puede pasar por donde no debe o conducir por una calle en dirección contraria, sólo porque "esa prohibición no tiene sentido". En algunos casos puede tener conducta sexual promiscua o simplemente infidelidad recurrente. También en ocasiones tiene dificultades para elaborar y llevar a cabo planes de vida estables, de largo alcance, y cuando los genera no son muy realistas.
La pareja
En el plano interpersonal sus relaciones de pareja pueden ser un ejemplo de sociedad, o de relación simbiótica, en la que el estatus, el cuidado de los hijos, la proyección pública, etc. pueden resultar elementos muy cuidados. Si su conducta no es muy adaptada entonces las relaciones de pareja suelen ser inestables, breves y a veces intermitentes.
Por sus características se emparejará con facilidad con la personalidad inestable o con la dependiente, creando un vínculo en el que puede manejarse con habilidad por la adscripción que genera en la otra persona. Como resulta que, a diferencia de los anampáticos explícitos, simula los vínculos emocionales, si la relación no es sana se puede alargar en el tiempo provocando una fuerte inestabilidad en la vida de la otra persona, inestabilidad que utiliza para trabar la relación y ajustarla a sus necesidades, manteniendo la imagen de estar emocionalmente implicada.
Si su patrón de conducta es adaptado y se trata de una persona con voluntad para madurar emocionalmente puede resultar una relación fecunda. Siempre tendrá como característica crítica un carácter fuerte y una asertividad muy robusta, pero puede resultar una compañía colaboradora y protectora, aunque el trato pueda resultar difícil, y la comodidad en la relación un estado intermitente.
sábado, 2 de marzo de 2013
Haiku 11. de la excentricidad
Hemos presentado ya dos tipos de personalidad: la personalidad suspicaz, que vive frecuentemente con la impresión de que le concierne todo lo que sucede a su alrededor y con la sospecha de que se le oculta información, o de que se le manipula. Y la personalidad aislada que, por el contrario, vive en una especie de ausencia mental, de modo que es fácil que se le pase por alto algo que le concierne simplemente porque no se ha parado a pensar que aquello tenga que ver con él.
Pues bien: la personalidad excéntrica resulta ser una curiosa mezcla de ambos mundos.
La personalidad excéntrica
Si la comparamos con la personalidad aislada tiene como ella un estilo de vida apartado, claramente independiente. Pero la personalidad excéntrica no quiere vivir fuera del grupo, aunque no disfrute de su integración. Dicho en pocas palabras: quiere lo que no desea.
También se parece en la fragilidad de las respuesta emocionales asociadas a sus afectos, es decir, en la capacidad para distanciarse de personas que han significado mucho en su vida, sin dependencia y sin remordimientos, con una facilidad que a otras personas puede parecer envidiable. La personalidad excéntrica utiliza también, como la personalidad aislada, un lenguaje diferente, peculiar, a veces claramente extraño.
Suele creer que le conciernen acontecimientos sin ninguna relación con ella, tiene creencias peculiares y pensamiento mágico congruente o no con las tradiciones, las supersticiones, etcétera. Siempre sospecha una causa oculta tras una simple coincidencia, y siempre interpreta los hechos a la luz de lo que "podría estar detrás". Cuando habla con los demás les transmite esas ideas explicando la supuesta relación entre la causa y el efecto con rotundidad, señalando además las posturas contrarias o alternativas como ingenuas.
Y es que se da el caso de que siempre encuentra explicaciones alternativas a los hechos. Fíjate en que cuando hablábamos de la personalidad suspicaz veíamos que esas interpretaciones giraban entorno a ella misma. La personalidad excéntrica extiende las explicaciones alternativas a todo lo que sucede a su alrededor y a todo aquello de lo que tiene conocimiento. Nunca o casi nunca hay una relación causa - efecto normal y simple. Si quieres que este tipo de personalidad te preste atención trata de explicarle cualquier suceso por causas supuestamente escondidas, aunque sean peregrinas.
Cómo se comunica
Ese característico lenguaje al que nos referíamos oscila entre lo vago y lo excesivamente minucioso; y en algunos casos se dan ambos, sobre todo cuando se trata algún tema relacionado con aquello que está escondido, ignoto, misterioso... aunque también puede ser relacionado con las esferas de poder de la sociedad en la que vive, o con las supuestas verdades respecto a cómo son o cómo viven esas personas poderosas. Por otra parte, frecuentemente alcanzamos un nivel de intimidad suficiente con este tipo de personalidad cuando , en confianza, nos relata alguna experiencia mística, espiritual o esotérica.
La personalidad excéntrica no es tampoco una personalidad patológica, en proporción adecuada. Ya hemos dicho antes que estos perfiles arrojan luz sobre los aspectos más relevantes de los tipos de personalidad definidos en función de los grandes rasgos, pero no se trata de psicopatología. Su personalidad puede ser algo peculiar, pero ¿cuál no lo es? Desde luego, cualquier personalidad excéntrica normalizada puede tener una vida social, familiar y de pareja completa.
Ahora bien: hay dos aspectos especialmente característicos. No están a la vista en todas sus variantes, pero cuando se manifiestan resultan muy contundentes.
Características
Uno es su pensamiento tangente. Recuerdo un caso en el que ella se había enfadado porque él le había regalado una rosa (es tradición donde vivo que las parejas se regalen rosas el 23 de abril) el día 24, ya que esperó a que estuvieran de oferta. Él no comprendía su enfado, y no podía entender tampoco que ella no apreciara el gesto que él tenía de cuidar la economía de la pareja. No se trata de que fuera un hombre tacaño o con problemas de dinero; realmente él lo había hecho pensando que era un bonito gesto para poner de manifiesto un proyecto común.
El otro es su excentricidad o extravagancia en el vestir. Si se trata de una persona con recursos económicos es capaz de salir a la calle vestido con combinaciones de colores y formas verdaderamente atrevidas, por decirlo de forma suave. Se comporta con naturalidad con ropa o complementos estéticamente singulares.
Si es una persona de nivel económico medio o bajo puede parecer desaliñado, combinado al azar y sin gusto, y a veces extremadamente llamativo, dado que su excentricidad no se ve suavizada por el diseño.
La personalidad excéntrica vive sus relaciones a la defensiva; suele tener activados muchos registros automáticos de defensas sociales y es difícil atravesar su coraza, esa postura que adopta en la comunicación. Además a menudo tiene dificultades para coordinar las expresiones corporales, como sonreír o asentir con la cabeza, y se queda mirando fijamente al interlocutor, lo que provoca un escollo en la comunicación no verbal. Por otra parte, consecuencia directa de esa supuesta capacidad para descubrir causas ocultas, la personalidad excéntrica vive convencida de que interpreta con facilidad el pensamiento de los demás, y suscribe con rotundidad la idea de "sé lo que el otro piensa". Eso hace muy difícil el acuerdo, porque se afana en la búsqueda de indicadores y pistas que confirmen sus prejuicios sin atender a la información más transparente.
La pareja
Es difícil la pareja con esta personalidad, sobre todo a largo plazo, porque no suele necesitar tener relaciones íntimas y su dependencia emocional es escasa. Su vida sexual no es muy activa, y cuando se siente atraída por otra persona resulta ser a menudo el componente de esa atracción una ideación más o menos platónica de una relación intelectual y mística. Sin embargo puede plantearse con firmeza el propósito de la procreación y de buscar una pareja para poder llevarlo a cabo. Su comportamiento será entonces muy colaborador, sobre todo en las necesidades del nido y en la generosidad con los recursos conseguidos, pero se irá distanciando paulatinamente del ámbito de la comunicación emocional , porque es un escenario en el que se encuentra claramente incómodo. Otra vez quiere lo que no desea. Como además alimenta un sistema interno de creencias no convencional sucede que no acepta las normas sociales, hecho que dificulta a menudo el funcionamiento de la pareja en público.
Las mejores aportaciones de la personalidad extravagante en la convivencia radican en su capacidad para transmitirnos el valor de la independencia y la autovaloración. No gestionan bien el lenguaje de la empatía con lo que sus intentos son a veces un poco patéticos pero se implican en conseguir comunicarse emocionalmente y sobre todo en entender las comunicaciones emocionales de los demás. Quieren, pero a menudo no pueden, hacerse entender.
sábado, 23 de febrero de 2013
Haiku 10. de la independencia mental y del aislamiento
¡Qué diferente es la percepción de la conducta según sea vista desde dentro o desde fuera! La personalidad aislada se ve a sí mismo como observadora, auto suficiente, espectadora de un mundo en el que cree no intervenir. Los demás sin embargo suelen considerarlas personas solitarias, raras, apagadas u hostiles y sin sentido del humor. Ellos se sienten más libres, cómodos y seguros cuando están solos, y no creen transmitir incomodidad a los demás cuando están en compañía porque piensan que los otros, como ellos mismos, no están incómodos. Y es cierto que generalmente no se les percibe como un ser que se siente incómodo, sino más bien como un ser distante y extraño.
No todos los aislados son iguales, por supuesto: hay algunas personas más incomunicadas, otras que se comunican pero de una forma muy impersonal; algunos son aislados pero no son hoscos sino más bien apáticos. Por último algunos son abiertamente distantes. Todos tienen en común la dificultad para percibir los detalles sutiles de las relaciones.
Este componente mental de aislamiento social no hay que confundirlo con el aislamiento voluntario: diferentes seres humanos pueden tener en común una necesidad de independencia mental que les hace apartarse de las reuniones sociales o de los actos multitudinarios, por ejemplo. Puede tratarse de personas empáticas, sociables e incluso emocionalmente dependientes, lo que lleva a la aparente paradoja de un ser humano atento, amable, siempre dispuesto... que disfruta de la soledad escogida o de actividades solitarias, como leer o pasear. Tampoco hay que confundirlo con la personalidad tímida. No. La personalidad aislada lo es porque no percibe los indicios del entorno en los que se reclama afecto, o los percibe de una forma racional, analítica. No son simpáticos ni antipáticos; son simplemente ausentes en la comunicación.
Como en todos lo perfiles de personalidad, en la personalidad aislada se dan importantes diferencias en función del nivel de inteligencia, entendida como un conjunto de recursos para interpretar las demandas del medio. En los menos socializados además de presentar un lenguaje pobre, lleno de muletillas y de palabras que sirven para significarlo todo, y monótono, se da frecuentemente el caso de que miran poco a los ojos; su mirada es huidiza sin razón aparente.
Todos los tipos de personalidad aislada tiene escasas amistades, todas ellas funcionales, ilusoriamente desprovistas de vínculos emocionales (solamente racionales o intelectivas). Y digo "ilusoriamente", porque los seres humanos, como veremos, necesitan de la relaciones interpersonales para garantizar la salubridad de su mundo mental. Independientemente de su nivel de inteligencia suelen ser indiferentes tanto a la crítica como al elogio, lo que hace que su convivencia sea difícil porque pueden emitir críticas sin ningún tipo de filtro.
Como sienten escaso o ningún placer por casi todo, frecuentemente son personas delgadas, a menudo enjutas. Hoek (1996) estudió la relación entre este tipo de personalidad y la exposición prenatal al hambre, durante el bloqueo nazi del oeste de holanda entre el 1944 y el 1945. Las mujeres residentes embarazadas en el primer trimestre de gestación incrementaron de forma estadísticamente significativa el nacimiento de personas con este perfil.
Ahora bien: la naturaleza humana es necesariamente social; los vínculos con los demás aumentan nuestra capacidad de supervivencia y nuestra percepción de felicidad. La personalidad aislada no percibe esas necesidades, pero eso no quiere decir que no las tenga.
Las personas que se emparejan con una personalidad aislada padecen a menudo la tensión de darse perfecta cuenta de las carencias de su pareja y una frustrante incapacidad para hacérselo notar. Es fácil que la pareja funcione con suavidad si el otro componente es también anampático, es decir, tiene facilidad para "desconectarse" de las emociones de los otros, facilidad para crear distancia. Siendo así funcionan casi como una sociedad limitada. Si la pareja es empática entonces precisa ser una persona con mucha energía, muy dinámica y dispuesta a "llevar la voz cantante".
El ámbito de intimidad de ese tipo de relación puede resultar muy satisfactorio, porque las personas aisladas, a través de su experiencia en su relación con el mundo, han aprendido la necesidad de compensar su independencia mental y suelen hacerlo a través de la generosidad. Además son parejas fieles y con una enorme capacidad de trabajo, consecuencia de su natural habilidad para la concentración. También tienen una gran facilidad para el control de la compulsividad, lo que facilita la estabilidad comportamental.
Convivir con personas de estas características puede ayudarnos a descubrir cómo disfrutar de las cosas sin exceso.
No todos los aislados son iguales, por supuesto: hay algunas personas más incomunicadas, otras que se comunican pero de una forma muy impersonal; algunos son aislados pero no son hoscos sino más bien apáticos. Por último algunos son abiertamente distantes. Todos tienen en común la dificultad para percibir los detalles sutiles de las relaciones.
Aislamiento voluntario
Este componente mental de aislamiento social no hay que confundirlo con el aislamiento voluntario: diferentes seres humanos pueden tener en común una necesidad de independencia mental que les hace apartarse de las reuniones sociales o de los actos multitudinarios, por ejemplo. Puede tratarse de personas empáticas, sociables e incluso emocionalmente dependientes, lo que lleva a la aparente paradoja de un ser humano atento, amable, siempre dispuesto... que disfruta de la soledad escogida o de actividades solitarias, como leer o pasear. Tampoco hay que confundirlo con la personalidad tímida. No. La personalidad aislada lo es porque no percibe los indicios del entorno en los que se reclama afecto, o los percibe de una forma racional, analítica. No son simpáticos ni antipáticos; son simplemente ausentes en la comunicación.
Como en todos lo perfiles de personalidad, en la personalidad aislada se dan importantes diferencias en función del nivel de inteligencia, entendida como un conjunto de recursos para interpretar las demandas del medio. En los menos socializados además de presentar un lenguaje pobre, lleno de muletillas y de palabras que sirven para significarlo todo, y monótono, se da frecuentemente el caso de que miran poco a los ojos; su mirada es huidiza sin razón aparente.
Todos los tipos de personalidad aislada tiene escasas amistades, todas ellas funcionales, ilusoriamente desprovistas de vínculos emocionales (solamente racionales o intelectivas). Y digo "ilusoriamente", porque los seres humanos, como veremos, necesitan de la relaciones interpersonales para garantizar la salubridad de su mundo mental. Independientemente de su nivel de inteligencia suelen ser indiferentes tanto a la crítica como al elogio, lo que hace que su convivencia sea difícil porque pueden emitir críticas sin ningún tipo de filtro.
Como sienten escaso o ningún placer por casi todo, frecuentemente son personas delgadas, a menudo enjutas. Hoek (1996) estudió la relación entre este tipo de personalidad y la exposición prenatal al hambre, durante el bloqueo nazi del oeste de holanda entre el 1944 y el 1945. Las mujeres residentes embarazadas en el primer trimestre de gestación incrementaron de forma estadísticamente significativa el nacimiento de personas con este perfil.
La necesidad del ser social
Ahora bien: la naturaleza humana es necesariamente social; los vínculos con los demás aumentan nuestra capacidad de supervivencia y nuestra percepción de felicidad. La personalidad aislada no percibe esas necesidades, pero eso no quiere decir que no las tenga.
Las personas que se emparejan con una personalidad aislada padecen a menudo la tensión de darse perfecta cuenta de las carencias de su pareja y una frustrante incapacidad para hacérselo notar. Es fácil que la pareja funcione con suavidad si el otro componente es también anampático, es decir, tiene facilidad para "desconectarse" de las emociones de los otros, facilidad para crear distancia. Siendo así funcionan casi como una sociedad limitada. Si la pareja es empática entonces precisa ser una persona con mucha energía, muy dinámica y dispuesta a "llevar la voz cantante".
El ámbito de intimidad de ese tipo de relación puede resultar muy satisfactorio, porque las personas aisladas, a través de su experiencia en su relación con el mundo, han aprendido la necesidad de compensar su independencia mental y suelen hacerlo a través de la generosidad. Además son parejas fieles y con una enorme capacidad de trabajo, consecuencia de su natural habilidad para la concentración. También tienen una gran facilidad para el control de la compulsividad, lo que facilita la estabilidad comportamental.
Convivir con personas de estas características puede ayudarnos a descubrir cómo disfrutar de las cosas sin exceso.
sábado, 16 de febrero de 2013
Haiku 9. de la sospecha
Vaya por delante que la normalidad en psicología no existe, sólo la patología. Es decir; podemos diferenciar la personalidad cuyo comportamiento dificulta o impide el normal desarrollo de la vida diaria, pero es imposible concretar los criterios para definir aquello que "es normal".
Veíamos en una entrada anterior los factores básicos de la personalidad de Eysenck : extraversión, estabilidad emocional y empatía (y sus límites opuestos: introversión, neuroticismo y anampatía). Costa y McCrae va a proponer dos más: responsabilidad y apertura mental. Todos esos factores tal vez puedan explicar lo que tienen en común los diferentes tipos de personalidad. Pero: ¿cuántos tipos de personalidad hay?
Bueno, podemos distinguir la personalidad patológica. No lo hemos dicho todavía, pero la patología es un extremo de la normalidad; es decir: la extraversión patológica es extrema, la neurosis patológica también es extrema... La personalidad patológica es el extremo de la personalidad adaptada, de la personalidad "normal".
De modo que podemos examinar los grupos o patrones de personalidad patológica, y sospechar que, en el otro extremo, es decir, en menor grado, se encuentran las personalidades "normales".
Los trastornos de personalidad principales son 10. En palabras llanas (entre paréntesis los haikus que hablan sobre ellas):
Todas esas personalidades tienen todos sus ingredientes comunes. La diferencia está en las proporciones.
Evidentemente la desconfianza es un recurso de supervivencia. En la infancia pasamos por una fase de miedo a los extraños genéticamente programada; la vinculación al grupo en la adolescencia (que incluye la adquisición de la identidad) funciona a través, casi exclusivamente, de la confianza en común. Como contrapartida, la sospecha, la desconfianza o la "paranoia" (una palabra que significa contra el espíritu) nos ayudan a protegernos del mundo y sus amenazas. Previenen el engaño, la manipulación y la utilización por parte de los otros. Su principal mecanismo de activación es la percepción de falta de transparencia en los motivos del otro, o de ocultación de información: la sospecha.
Esa desconfianza la podemos imaginar como un termostato, un interruptor que se activa ante una determinada densidad de información. Por ejemplo, si me encuentro a mi pareja desnuda con otra persona en la cama y diciéndome aquello de "cariño, no es lo que parece", la situación tiene suficiente densidad de información para que yo pueda sacar conclusiones absolutamente independientes de lo que la otra persona me apunte. Esa "densidad de información" casi nunca es tan clara; lo más normal es que existan diferentes explicaciones, unas más amenazadoras que otras, para alumbrar las razones del comportamiento de los demás.
La personalidad suspicaz parte de los siguientes principios básicos: los demás pueden ser tramposos en cualquier momento, los demás pueden ser una amenaza ante cualquier oportunidad, las amenazas se pueden neutralizar si estás siempre alerta y, por último, no soy tan bueno como los demás dándome cuenta de esas cosas, así que tengo que vigilar y no bajar nunca la guardia. En cuanto a su relación con el mundo, esta personalidad se puede dar en personas solitarias o muy sociales, abiertamente quisquillosos o reservados, obstinados o independientes.
Date cuenta de que los principios básicos de la personalidad suspicaz los puede abrazar cualquiera; el quiz de la cuestión está en la proporción, en la dosis. En la escena de cama descrita antes todos esos pensamientos tienen cabida. En una situación en la que mi pareja llega media hora tarde del trabajo esos pensamientos también son "posibles", pero no son "plausibles" si no hay una situación general previa concordante con esa sospecha.
Ahora bien: al sospechar que "no soy tan bueno como los demás dándome cuenta de esas cosas" el suspicaz articula un mundo mental sin fin que es, además, su propio infierno, porque el siguiente paso es "si no veo la trampa es porque no lo he pensado lo suficiente"; es decir, buscará una razón escondida, un motivo oculto, y no parará de sospechar hasta que se le ocurra. Una vez lo tenga en la mente examinará señales, información o indicios que lo corroboren, no atendiendo además a la información obvia, si es contraria a su tesis.
La celotipia (el trastorno emocional por celos) es corriente en la vida de pareja de estas personas. En sus relaciones además se manifiestan permanentemente los agravios de los demás, los ataques en el trabajo, en la vecindad, en la familia, etc. La vida en pareja con una personalidad suspicaz pasa necesariamente por afrontar y superar todo esto en común, pero atendiendo en primer lugar no los pensamientos troncales ("los demás pueden ser tramposos en cualquier momento, los demás pueden ser una amenaza ante cualquier oportunidad, las amenazas se pueden neutralizar si estás siempre alerta") Sino principalmente el central "no soy tan bueno como los demás dándome cuenta de esas cosas, así que tengo que vigilar y no bajar nunca la guardia".
Veíamos en una entrada anterior los factores básicos de la personalidad de Eysenck : extraversión, estabilidad emocional y empatía (y sus límites opuestos: introversión, neuroticismo y anampatía). Costa y McCrae va a proponer dos más: responsabilidad y apertura mental. Todos esos factores tal vez puedan explicar lo que tienen en común los diferentes tipos de personalidad. Pero: ¿cuántos tipos de personalidad hay?
Tipos de personalidad...
Bueno, podemos distinguir la personalidad patológica. No lo hemos dicho todavía, pero la patología es un extremo de la normalidad; es decir: la extraversión patológica es extrema, la neurosis patológica también es extrema... La personalidad patológica es el extremo de la personalidad adaptada, de la personalidad "normal".
De modo que podemos examinar los grupos o patrones de personalidad patológica, y sospechar que, en el otro extremo, es decir, en menor grado, se encuentran las personalidades "normales".
Los trastornos de personalidad principales son 10. En palabras llanas (entre paréntesis los haikus que hablan sobre ellas):
...Y sus haikus
(9) Personalidad suspicaz, (10) personalidad aislada, (11) personalidad excéntrica,
(12) personalidad "borde", (13) personalidad inestable, (14) personalidad melodramática,
(15) personalidad narcisista, (16) personalidad tímida, (17) personalidad dependiente
y (18) personalidad obsesiva.
Todas esas personalidades tienen todos sus ingredientes comunes. La diferencia está en las proporciones.
Sospecha
Evidentemente la desconfianza es un recurso de supervivencia. En la infancia pasamos por una fase de miedo a los extraños genéticamente programada; la vinculación al grupo en la adolescencia (que incluye la adquisición de la identidad) funciona a través, casi exclusivamente, de la confianza en común. Como contrapartida, la sospecha, la desconfianza o la "paranoia" (una palabra que significa contra el espíritu) nos ayudan a protegernos del mundo y sus amenazas. Previenen el engaño, la manipulación y la utilización por parte de los otros. Su principal mecanismo de activación es la percepción de falta de transparencia en los motivos del otro, o de ocultación de información: la sospecha.
Esa desconfianza la podemos imaginar como un termostato, un interruptor que se activa ante una determinada densidad de información. Por ejemplo, si me encuentro a mi pareja desnuda con otra persona en la cama y diciéndome aquello de "cariño, no es lo que parece", la situación tiene suficiente densidad de información para que yo pueda sacar conclusiones absolutamente independientes de lo que la otra persona me apunte. Esa "densidad de información" casi nunca es tan clara; lo más normal es que existan diferentes explicaciones, unas más amenazadoras que otras, para alumbrar las razones del comportamiento de los demás.
Personalidad suspicaz
La personalidad suspicaz parte de los siguientes principios básicos: los demás pueden ser tramposos en cualquier momento, los demás pueden ser una amenaza ante cualquier oportunidad, las amenazas se pueden neutralizar si estás siempre alerta y, por último, no soy tan bueno como los demás dándome cuenta de esas cosas, así que tengo que vigilar y no bajar nunca la guardia. En cuanto a su relación con el mundo, esta personalidad se puede dar en personas solitarias o muy sociales, abiertamente quisquillosos o reservados, obstinados o independientes.
Date cuenta de que los principios básicos de la personalidad suspicaz los puede abrazar cualquiera; el quiz de la cuestión está en la proporción, en la dosis. En la escena de cama descrita antes todos esos pensamientos tienen cabida. En una situación en la que mi pareja llega media hora tarde del trabajo esos pensamientos también son "posibles", pero no son "plausibles" si no hay una situación general previa concordante con esa sospecha.
Ahora bien: al sospechar que "no soy tan bueno como los demás dándome cuenta de esas cosas" el suspicaz articula un mundo mental sin fin que es, además, su propio infierno, porque el siguiente paso es "si no veo la trampa es porque no lo he pensado lo suficiente"; es decir, buscará una razón escondida, un motivo oculto, y no parará de sospechar hasta que se le ocurra. Una vez lo tenga en la mente examinará señales, información o indicios que lo corroboren, no atendiendo además a la información obvia, si es contraria a su tesis.
Y los celos
La celotipia (el trastorno emocional por celos) es corriente en la vida de pareja de estas personas. En sus relaciones además se manifiestan permanentemente los agravios de los demás, los ataques en el trabajo, en la vecindad, en la familia, etc. La vida en pareja con una personalidad suspicaz pasa necesariamente por afrontar y superar todo esto en común, pero atendiendo en primer lugar no los pensamientos troncales ("los demás pueden ser tramposos en cualquier momento, los demás pueden ser una amenaza ante cualquier oportunidad, las amenazas se pueden neutralizar si estás siempre alerta") Sino principalmente el central "no soy tan bueno como los demás dándome cuenta de esas cosas, así que tengo que vigilar y no bajar nunca la guardia".
sábado, 9 de febrero de 2013
Haiku 8
Amistad y amor comparten
intimidad y compañía.
Pero la fuerza de la amistad es la empatía, y la fuerza del amor es el deseo.
Pero la fuerza de la amistad es la empatía, y la fuerza del amor es el deseo.
Haiku 8. pasión, compañerismo y compromiso
Robert Sternberg publicó en 1986 un famoso (al menos, entre los psicólogos) ensayo sobre los componentes del amor moderno basado en un análisis científico y pulcro, en donde venía a concluir que los componentes básicos del amor son esos tres factores. Sus conclusiones con respecto al efecto del tiempo en relación con estos componentes no son, en mi opinión, tan robustas. Pero vamos por partes.
Cualquier relación puede definirse con estos tres ingredientes. La pasión es la capacidad (y la necesidad) de establecer vías de comunicación emocional principalmente relacionadas con la intimidad. Aunque es evidente su conexión estrecha con el aspecto sexual esta pasión no se define exclusivamente por el sexo, ni mucho menos. Se trata de la capacidad de emocionarse y de transferir emoción para construir un espacio emocional conjunto.
Ahora bien: esa pasión no tiene por qué ser siempre afectiva; el enojo y la emoción negativa son también un lenguaje cotidiano en las relaciones de pareja. Yo comunico emociones para generar ese espacio de estado emocional conjunto; cuando amo quiero transmitirlo para sentir que el otro "me devuelve la llamada", y cuando me irrito provoco las situaciones y las comunicaciones adecuadas para percibir que el otro "ha recibido mi mensaje". Necesito hacer saber que amo para sentirme atendido, y necesito hacer saber que estoy enfadado por la misma razón. La pasión, en resumidas cuentas, es un elemento de comunicación y de cohesión de pareja fundamental, con su propio lenguaje.
Al principio tal vez seamos un poco torpes en esto de entender el estado emocional de la pareja, pero en poco tiempo resulta fácil adivinar su estado de ánimo, aún cuando lo intente esconder o lo niegue abiertamente.
La pasión puede ser el único ingrediente de una relación, eso sí, tormentosa; donde la pareja no comparte amistades, redes sociales, propósitos, intereses... Resulta una interacción muy atractiva por la intensidad de las emociones, las personales y las comunes, y por la exclusión del mundo circundante. Es una relación intensa y exclusivamente íntima.
El compañerismo por su parte es un elemento congruente con dos aspectos importantes: los intereses comunes y la complicidad. Se trata de la capacidad de establecer una dinámica de pareja entre iguales, amigos, socios. Ser, además de amantes, cómplices. Y compartir intereses comunes, relacionados con el ocio o la sociabilidad, y que esos intereses comunes sean compartidos; no tanto por la imposición de estar en pareja o habitar el mismo espacio como por un genuino interés común.
El factor del compañerismo por sí solo también puede mantener y definir una relación de pareja. Se da cuando ambas personas se entienden y son cómplices en relación a su entorno social y familiar, se toleran y se respetan mutuamente. La comunicación pasional está limitada y suele evitarse el conflicto emocional, se tratan con respeto y con cariño pero todo es muy suave. Esas relaciones pueden durar muchos años por la fuerza de la inercia y la comodidad; sobre todo si ninguno de los dos es emocionalmente inestable, "resbaladizo".
En cuanto al compromiso, trata de la capacidad de concordar los objetivos. Es un aspecto fundamentalmente relacionado con los propósitos y con los planes de vida (por supuesto, no tener un plan de vida también es un plan de vida).
El compromiso obviamente puede mantener por sí solo un proyecto de pareja, no voy a abundar en lo evidente. Por ejemplo las relaciones que se mantienen "por los hijos" o "por el estatus", o relaciones en las que uno de los dos, o ambos, mantienen un proyecto de proyección pública.
También son populares las relaciones de dos ingredientes: pasión y compañerismo en parejas jóvenes, o con hijos de anteriores relaciones que mantienen independientes esos dos mundos, o parejas de personas marcadas por una fuerte autonomía. La combinación pasión - compromiso se da en relaciones más públicas, pero en las que sus componentes viven lo cotidiano de forma separada. No comparten círculos de amistades ni actividades, solamente lo referente a la familia y la intimidad. En cuanto a las relaciones de compañerismo y compromiso se dan en parejas que iniciaron una vida en común y con el tiempo han desarrollado una identidad independiente, pero mantienen los lazos formales y las relaciones públicas.
Por lo que se refiere al tiempo y su efecto con respecto a estos elementos en mi opinión el pasional resulta ser el factor más resistente. Ya he dicho antes que la pasión pude no ser afectiva, y que trata de la capacidad de establecer un escenario emocional común. Con el tiempo aumentamos nuestra capacidad de entender y manipular las emociones del otro. Además, los vínculos afectivos (hablaremos de ellos en otra entrada) se refuerzan con la convivencia a través de las experiencias comunes, para bien y para mal. Esta fuerza de unión es una de las razones por las que las parejas fracasadas insisten en la convivencia, aún cuando ésta es destructiva. Podemos resumirlo diciendo que comunicar emociones intensas "engancha", incluso cuando éstas sean negativas.
El ingrediente más sensible al paso del tiempo es el compromiso, porque está basado en objetivos, y éstos, a medio plazo, se cumplen (con lo que dejan de serlo) o se sustituyen por objetivos nuevos, que a su vez pueden ser comunes o no.
Por último una cuestión crítica que pronostica la salud o la toxicidad de la relación es la capacidad de adaptarse al flujo del tiempo; nuestra plasticidad. Intereses que fueron comunes una década atrás pueden haber dejado de serlo hoy, del mismo modo que los objetivos. Mi forma de expresar mis emociones ahora, y la misma naturaleza de éstas, cambiarán sutilmente con el tiempo porque yo también cambio sutilmente, crezco y crecen mis perspectivas, mi mundo mental y su riqueza, mis vínculos, mis deseos, mi personalidad. Si cuando conocí a mi pareja necesitaba un 60% de pasión ahora necesito más, por ejemplo, de amor compañero. No siempre las personas evolucionan en la misma dirección, desde luego, pero si no atiendes y cuidas las relaciones de forma consciente, entendiendo su funcionamiento, entonces dejas toda la concordancia necesaria en manos de la casualidad, o de la suerte.
Pasión
Ahora bien: esa pasión no tiene por qué ser siempre afectiva; el enojo y la emoción negativa son también un lenguaje cotidiano en las relaciones de pareja. Yo comunico emociones para generar ese espacio de estado emocional conjunto; cuando amo quiero transmitirlo para sentir que el otro "me devuelve la llamada", y cuando me irrito provoco las situaciones y las comunicaciones adecuadas para percibir que el otro "ha recibido mi mensaje". Necesito hacer saber que amo para sentirme atendido, y necesito hacer saber que estoy enfadado por la misma razón. La pasión, en resumidas cuentas, es un elemento de comunicación y de cohesión de pareja fundamental, con su propio lenguaje.
Al principio tal vez seamos un poco torpes en esto de entender el estado emocional de la pareja, pero en poco tiempo resulta fácil adivinar su estado de ánimo, aún cuando lo intente esconder o lo niegue abiertamente.
La pasión puede ser el único ingrediente de una relación, eso sí, tormentosa; donde la pareja no comparte amistades, redes sociales, propósitos, intereses... Resulta una interacción muy atractiva por la intensidad de las emociones, las personales y las comunes, y por la exclusión del mundo circundante. Es una relación intensa y exclusivamente íntima.
Compañerismo
El compañerismo por su parte es un elemento congruente con dos aspectos importantes: los intereses comunes y la complicidad. Se trata de la capacidad de establecer una dinámica de pareja entre iguales, amigos, socios. Ser, además de amantes, cómplices. Y compartir intereses comunes, relacionados con el ocio o la sociabilidad, y que esos intereses comunes sean compartidos; no tanto por la imposición de estar en pareja o habitar el mismo espacio como por un genuino interés común.
El factor del compañerismo por sí solo también puede mantener y definir una relación de pareja. Se da cuando ambas personas se entienden y son cómplices en relación a su entorno social y familiar, se toleran y se respetan mutuamente. La comunicación pasional está limitada y suele evitarse el conflicto emocional, se tratan con respeto y con cariño pero todo es muy suave. Esas relaciones pueden durar muchos años por la fuerza de la inercia y la comodidad; sobre todo si ninguno de los dos es emocionalmente inestable, "resbaladizo".
Compromiso
En cuanto al compromiso, trata de la capacidad de concordar los objetivos. Es un aspecto fundamentalmente relacionado con los propósitos y con los planes de vida (por supuesto, no tener un plan de vida también es un plan de vida).
El compromiso obviamente puede mantener por sí solo un proyecto de pareja, no voy a abundar en lo evidente. Por ejemplo las relaciones que se mantienen "por los hijos" o "por el estatus", o relaciones en las que uno de los dos, o ambos, mantienen un proyecto de proyección pública.
También son populares las relaciones de dos ingredientes: pasión y compañerismo en parejas jóvenes, o con hijos de anteriores relaciones que mantienen independientes esos dos mundos, o parejas de personas marcadas por una fuerte autonomía. La combinación pasión - compromiso se da en relaciones más públicas, pero en las que sus componentes viven lo cotidiano de forma separada. No comparten círculos de amistades ni actividades, solamente lo referente a la familia y la intimidad. En cuanto a las relaciones de compañerismo y compromiso se dan en parejas que iniciaron una vida en común y con el tiempo han desarrollado una identidad independiente, pero mantienen los lazos formales y las relaciones públicas.
Y el tiempo
Por lo que se refiere al tiempo y su efecto con respecto a estos elementos en mi opinión el pasional resulta ser el factor más resistente. Ya he dicho antes que la pasión pude no ser afectiva, y que trata de la capacidad de establecer un escenario emocional común. Con el tiempo aumentamos nuestra capacidad de entender y manipular las emociones del otro. Además, los vínculos afectivos (hablaremos de ellos en otra entrada) se refuerzan con la convivencia a través de las experiencias comunes, para bien y para mal. Esta fuerza de unión es una de las razones por las que las parejas fracasadas insisten en la convivencia, aún cuando ésta es destructiva. Podemos resumirlo diciendo que comunicar emociones intensas "engancha", incluso cuando éstas sean negativas.
El ingrediente más sensible al paso del tiempo es el compromiso, porque está basado en objetivos, y éstos, a medio plazo, se cumplen (con lo que dejan de serlo) o se sustituyen por objetivos nuevos, que a su vez pueden ser comunes o no.
Por último una cuestión crítica que pronostica la salud o la toxicidad de la relación es la capacidad de adaptarse al flujo del tiempo; nuestra plasticidad. Intereses que fueron comunes una década atrás pueden haber dejado de serlo hoy, del mismo modo que los objetivos. Mi forma de expresar mis emociones ahora, y la misma naturaleza de éstas, cambiarán sutilmente con el tiempo porque yo también cambio sutilmente, crezco y crecen mis perspectivas, mi mundo mental y su riqueza, mis vínculos, mis deseos, mi personalidad. Si cuando conocí a mi pareja necesitaba un 60% de pasión ahora necesito más, por ejemplo, de amor compañero. No siempre las personas evolucionan en la misma dirección, desde luego, pero si no atiendes y cuidas las relaciones de forma consciente, entendiendo su funcionamiento, entonces dejas toda la concordancia necesaria en manos de la casualidad, o de la suerte.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Haiku 7. de la identidad
Ya hemos visto que el temperamento se hereda ("Es igual de nervioso que su madre") el carácter se aprende ("se le cambió el carácter desde el divorcio") y la personalidad se construye, con ese material y con muchas otras cosas. Todo esto nos servirá para poder entender la pasta de la que estamos hechos. Es obvio que no podemos cambiar nuestra genética ni prever nuestros accidentes en la vida, pero también es verdad que somos mucho más complejos, y que nuestra personalidad , nuestro "conjunto", se expresa en nuestra forma de ser que es consistente y estable. Somos como somos siempre o casi siempre.
Introversión y Extroversión
Por ejemplo: soy extrovertido. Eso es cierto siempre, porque siempre soy yo mismo. Es verdad que algunas experiencias pueden cambiar mi carácter, y hacerme por ejemplo más huraño y por tanto menos comunicativo; o puedo ser tímido ante las personas porque me he sentido en ridículo en algún momento. Entonces diré: "antes era muy extrovertido, pero la vida me ha hecho ser más prudente" Sin embargo, los que me tratan dirán "cuando lo conoces, Agustín es muy extrovertido". En otras palabras, sigo siendo extrovertido, solo que ahora cuesta más que se me note; la vida puede hacerme tímido, pero introvertido no lo seré nunca.
La introversión y la extroversión son un componente fundamental de la personalidad; todos los seres humanos se pueden medir en ese aspecto e independientemente de su cultura, su edad o su condición social.
Estabilidad y Neuroticismo
Otro componente fundamental es la estabilidad emocional. Hay personas emotivas (algunas podríamos decir que son "exclamativas") como una montaña rusa y otras estables (algunas podríamos decir que son " impertérritas") ante las situaciones emocionales.
Empatía y Anampatía
Por último está el factor fundamental de la empatía. Algunas personas son muy empáticas, tienen mucha facilidad para comunicarse con otra persona en un nivel emocional, mientras que otras son muy anampáticas, tienen facilidad para distanciarse emocionalmente del otro.
Estos tres factores combinados explican los patrones (a grandes rasgos, claro) de todos los seres humanos. Son ocho combinaciones que tienen muchas variantes, porque hay diferencias de grado en cada persona.
Nosotros nos formamos con una identidad que explota como "nuestra forma de ser" en la adolescencia, cuando se constituye, y se extiende estereotipando nuestro comportamiento, fosilizando nuestra identidad y nuestra forma de relacionarnos con el mundo, hasta que las cosas que nos pasan en la vida ya no las podemos resolver con esos recursos; bien porque las demandas del entorno son más complejas, o porque nuestras aspiraciones nos obligan a reinventarnos, a superarnos, o bien porque nuestra forma de ser, llevada al extremo, se ha convertido en una fuente de infelicidad y de daño.
Es el momento en que necesitamos conocernos y entendernos para poder ser felices.
Nos sacamos el carnet de conducir nuestra propia forma de ser.
Y aprendemos que es una mala idea sostener el "Soy como soy", a cualquier precio.
domingo, 3 de febrero de 2013
Haiku 6. de la identidad
Con mucha frecuencia utilizamos la personalidad como sinónimo de identidad. Y suele reservarse el temperamento, o el carácter para definir aspectos de la conducta más puntuales. Es decir: hablamos de la personalidad como algo complejo y más estable, y del temperamento o el carácter (a menudo no se distingue entre ellos) como algo relacionado con nuestra conducta más que con nuestra identidad, y más volátil.
Echando mano del diccionario, temperamento se define como "carácter, manera de ser o de reaccionar de las personas" , de modo que aquí también se utilizan como sinónimos. Y personalidad se define como "diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de otra"
Vamos a ver si lo aclaramos un poco.
"Persona" era el nombre común de las máscaras romanas con las que los actores caracterizaban a sus personajes. Todos tenemos en mente las dos más populares hoy, Dionisos y Tánatos, las máscaras alegre y triste con las que se suele simbolizar el mismo acto teatral. Por aquellos tiempos era muy útil utilizar máscaras claramente diferentes para que el público pudiera reconocer a los personajes y su papel en la obra con facilidad. El espectador de la época distinguía al instante las facciones, el color y la forma de la máscara del esclavo, la señora de la casa o la el viejo verde, por poner unos ejemplos.
Podemos aprovechar este modelo para concretar la personalidad como un conjunto de rasgos y características que definen la singularidad de un ser humano, y lo individualizan con respecto a otro.
Las máscaras romanas podían ser de varios materiales, pero vamos a fijarnos en las de madera. Para poder curvarlas y que se adaptaran a la cara o a la cabeza el artesano las colocaba en un horno en que, sin arder, se ablandaban lo suficiente para poder darles forma. Aunque las máscaras tuvieran los mismos rasgos, por la constitución de la madera, sus nudos e impurezas, y por la diferencia de elasticidad con respecto a la temperatura aplicada, lo cierto es que no salían dos exactamente iguales. Ese proceso de creación que incluye el material y la temperatura es el templado, y la base con la que se creará esa máscara la podemos llamar temperamento.
Podemos aprovechar este modelo para concretar el temperamento como un conjunto de rasgos y características que especifican la base genética y el medio biológico y ambiental en los que el organismo se ha desarrollado.
Es fácil imaginar que los actores de la época pasaban muchas penurias; el oficio no estaba tan reconocido como hoy, y su vida era errática y algo incierta. Seguramente pasaban de una ciudad con teatro estable a otra, dando tumbos y acarreando consigo sus enseres y sus telares. Seguro que reconocían sus máscaras de las de cualquier otra compañía no solamente porque, aunque se parecieran mucho, no eran iguales, no tenían el mismo temperamento, sino porque además con el paso del tiempo habían sufrido golpes, inclemencias y accidentes que las habían marcado de forma única. La palabra griega para "marca" era "carácter".
Podemos aprovechar este modelo para concretar el carácter como un conjunto de marcas, de rastros biográficos, únicos para cada individuo.
Este es un haiku primerizo, para poder ponernos de acuerdo en sobre qué estamos hablando. Ayuda a distinguir lo que hacemos de lo que somos, y a reconocernos en nuestra personalidad, nuestro carácter y nuestro temperamento.
Echando mano del diccionario, temperamento se define como "carácter, manera de ser o de reaccionar de las personas" , de modo que aquí también se utilizan como sinónimos. Y personalidad se define como "diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de otra"
Vamos a ver si lo aclaramos un poco.
Personalidad
"Persona" era el nombre común de las máscaras romanas con las que los actores caracterizaban a sus personajes. Todos tenemos en mente las dos más populares hoy, Dionisos y Tánatos, las máscaras alegre y triste con las que se suele simbolizar el mismo acto teatral. Por aquellos tiempos era muy útil utilizar máscaras claramente diferentes para que el público pudiera reconocer a los personajes y su papel en la obra con facilidad. El espectador de la época distinguía al instante las facciones, el color y la forma de la máscara del esclavo, la señora de la casa o la el viejo verde, por poner unos ejemplos.
Podemos aprovechar este modelo para concretar la personalidad como un conjunto de rasgos y características que definen la singularidad de un ser humano, y lo individualizan con respecto a otro.
Temperamento
Las máscaras romanas podían ser de varios materiales, pero vamos a fijarnos en las de madera. Para poder curvarlas y que se adaptaran a la cara o a la cabeza el artesano las colocaba en un horno en que, sin arder, se ablandaban lo suficiente para poder darles forma. Aunque las máscaras tuvieran los mismos rasgos, por la constitución de la madera, sus nudos e impurezas, y por la diferencia de elasticidad con respecto a la temperatura aplicada, lo cierto es que no salían dos exactamente iguales. Ese proceso de creación que incluye el material y la temperatura es el templado, y la base con la que se creará esa máscara la podemos llamar temperamento.
Podemos aprovechar este modelo para concretar el temperamento como un conjunto de rasgos y características que especifican la base genética y el medio biológico y ambiental en los que el organismo se ha desarrollado.
Carácter
Es fácil imaginar que los actores de la época pasaban muchas penurias; el oficio no estaba tan reconocido como hoy, y su vida era errática y algo incierta. Seguramente pasaban de una ciudad con teatro estable a otra, dando tumbos y acarreando consigo sus enseres y sus telares. Seguro que reconocían sus máscaras de las de cualquier otra compañía no solamente porque, aunque se parecieran mucho, no eran iguales, no tenían el mismo temperamento, sino porque además con el paso del tiempo habían sufrido golpes, inclemencias y accidentes que las habían marcado de forma única. La palabra griega para "marca" era "carácter".
Este es un haiku primerizo, para poder ponernos de acuerdo en sobre qué estamos hablando. Ayuda a distinguir lo que hacemos de lo que somos, y a reconocernos en nuestra personalidad, nuestro carácter y nuestro temperamento.
sábado, 2 de febrero de 2013
Haiku 5. del género y el tiempo
Al comparar hombres y mujeres siempre acabamos diciendo una mentira, o una verdad incompleta. Si decimos por ejemplo que los hombres son más fuertes que las mujeres, o más rápidos, menos limpios, o lo que se nos ocurra, encontraremos mujeres más fuertes que la mayoría de los hombres, u hombres obsesivos con la limpieza, y así con cualquier otra supuesta desigualdad. El sexo no explica ninguna de esas diferencias.
Sin embargo una cosa es cierta: los hombres y las mujeres son diferentes. Eso parece obvio, pero no es fácil concretar en qué.
Por lo que se refiere a las competencias y habilidades psicológicas y psicomotrices, la mayoría de las supuestas diferencias han caído hace tiempo. No hay diferencias en cálculo, ni en lenguaje, ni en memoria, ni en el conjunto de las inteligencias que un test o una batería de ellos puede calibrar. Persisten aún algunas diferencias estadísticamente significativas en rotación espacial (el cerebro masculino es supuestamente más hábil rotando mentalmente una figura en el espacio) y en la capacidad de psicomotricidad fina (el cerebro femenino es supuestamente más hábil en destreza manual). Pero esas diferencias están también bajo sospecha, y posiblemente caigan pronto, si no lo han hecho mientras escribo estas líneas. Nadie pone en duda que la diferencia masculino - femenino no se da ni en inteligencia fluida, ni en competencia, ni en habilidades.
Obviaremos también el aspecto biológico: el cerebro femenino no está siempre en un cuerpo femenino, y lo mismo puede decirse del otro género. Dicho de otra manera: género y sexo no son siempre coincidentes. Por otra parte las diferencias biológicas se limitan al sistema neurohormonal. Nuestro interés no está centrado en los aspectos mecánicos del ser humano, sino en la relación del ser con el mundo. En cualquier caso sí es importante atender a una cuestión que desde la biología se ha explicado pocas veces: en el desarrollo del feto humano (y en general, en el desarrollo de las formas de vida, con contadísimas excepciones) la diferenciación, el cambio, es femenino. Por decirlo en palabras sencillas: al empezar a crearse todos los sistemas nerviosos son masculinos, o por decirlo más exactamente todos son neutros. El sistema femenino es el que se diferencia.
Desde el punto de vista de la memoria emocional y de la cognición hay algún aspecto que puede diferenciarnos con relativa claridad. Por ejemplo la vivencia del tiempo.
Francis Crick, el científico codescubridor de la molécula de DNA, se planteaba la continuidad del ser partiendo de la idea de que la mayoría de las células con las que nacimos no existen ya. No queda casi nada de lo que fuimos, si nos definimos como una colección de células. Y sin embargo tenemos una conciencia continua de identidad, somos nosotros desde que tenemos autoconocimiento.
Esa conciencia de continuidad en la existencia es común a los dos géneros, pero se vivencia de forma diferente. El cerebro masculino (el cerebro neutro) tiende a establecer estadios discontinuos de tiempo, a buscar paréntesis temporales. En otras palabras, se siente estable si percibe que nada cambia.
El cerebro femenino es mucho más sensible al paso del tiempo, y necesita a menudo expresar, "hacer realidad" ese cambio. Una decoración, por ejemplo, que no cambie o cambie poco, en pequeños detalles, proporciona una percepción de estabilidad a la mente masculina pero incomoda a un cerebro femenino. Es necesario hacer evidente, hacer realidad, el cambio.
Se entiende entonces que los objetos que nos rodean, y que definen nuestro espacio de cotidianidad, nuestro hogar, deben tener, además de funciones de comodidad y usabilidad, una función significante "de cambio" que una mente femenina necesita, y que es opaca para una mente masculina. Eso mismo está relacionado con la estética, que caduca o cambia, y con el papel que cumplen algunos de esos objetos, aparentemente inútiles, pero que dan sentido e identidad al conjunto.
Un cerebro masculino en soledad define un espacio vital minimalista y funcional. Estático.
Un cerebro femenino en soledad desarrolla una capacidad de traducir a su entorno dos aspectos definitorios: su propia identidad y su dinámica de cambio.
Es el significado del Haiku 5
Sin embargo una cosa es cierta: los hombres y las mujeres son diferentes. Eso parece obvio, pero no es fácil concretar en qué.
Por lo que se refiere a las competencias y habilidades psicológicas y psicomotrices, la mayoría de las supuestas diferencias han caído hace tiempo. No hay diferencias en cálculo, ni en lenguaje, ni en memoria, ni en el conjunto de las inteligencias que un test o una batería de ellos puede calibrar. Persisten aún algunas diferencias estadísticamente significativas en rotación espacial (el cerebro masculino es supuestamente más hábil rotando mentalmente una figura en el espacio) y en la capacidad de psicomotricidad fina (el cerebro femenino es supuestamente más hábil en destreza manual). Pero esas diferencias están también bajo sospecha, y posiblemente caigan pronto, si no lo han hecho mientras escribo estas líneas. Nadie pone en duda que la diferencia masculino - femenino no se da ni en inteligencia fluida, ni en competencia, ni en habilidades.
Entonces, ¿cómo somos diferentes?
Obviaremos también el aspecto biológico: el cerebro femenino no está siempre en un cuerpo femenino, y lo mismo puede decirse del otro género. Dicho de otra manera: género y sexo no son siempre coincidentes. Por otra parte las diferencias biológicas se limitan al sistema neurohormonal. Nuestro interés no está centrado en los aspectos mecánicos del ser humano, sino en la relación del ser con el mundo. En cualquier caso sí es importante atender a una cuestión que desde la biología se ha explicado pocas veces: en el desarrollo del feto humano (y en general, en el desarrollo de las formas de vida, con contadísimas excepciones) la diferenciación, el cambio, es femenino. Por decirlo en palabras sencillas: al empezar a crearse todos los sistemas nerviosos son masculinos, o por decirlo más exactamente todos son neutros. El sistema femenino es el que se diferencia.
Desde el punto de vista de la memoria emocional y de la cognición hay algún aspecto que puede diferenciarnos con relativa claridad. Por ejemplo la vivencia del tiempo.
Francis Crick, el científico codescubridor de la molécula de DNA, se planteaba la continuidad del ser partiendo de la idea de que la mayoría de las células con las que nacimos no existen ya. No queda casi nada de lo que fuimos, si nos definimos como una colección de células. Y sin embargo tenemos una conciencia continua de identidad, somos nosotros desde que tenemos autoconocimiento.
Cerebro masculino, Cerebro femenino
Esa conciencia de continuidad en la existencia es común a los dos géneros, pero se vivencia de forma diferente. El cerebro masculino (el cerebro neutro) tiende a establecer estadios discontinuos de tiempo, a buscar paréntesis temporales. En otras palabras, se siente estable si percibe que nada cambia.
El cerebro femenino es mucho más sensible al paso del tiempo, y necesita a menudo expresar, "hacer realidad" ese cambio. Una decoración, por ejemplo, que no cambie o cambie poco, en pequeños detalles, proporciona una percepción de estabilidad a la mente masculina pero incomoda a un cerebro femenino. Es necesario hacer evidente, hacer realidad, el cambio.
Se entiende entonces que los objetos que nos rodean, y que definen nuestro espacio de cotidianidad, nuestro hogar, deben tener, además de funciones de comodidad y usabilidad, una función significante "de cambio" que una mente femenina necesita, y que es opaca para una mente masculina. Eso mismo está relacionado con la estética, que caduca o cambia, y con el papel que cumplen algunos de esos objetos, aparentemente inútiles, pero que dan sentido e identidad al conjunto.
Un cerebro masculino en soledad define un espacio vital minimalista y funcional. Estático.
Un cerebro femenino en soledad desarrolla una capacidad de traducir a su entorno dos aspectos definitorios: su propia identidad y su dinámica de cambio.
Es el significado del Haiku 5
lunes, 28 de enero de 2013
Haiku 4. del tiempo
Podemos mantener en la memoria inmediata entre siete y nueve números. Por ejemplo: te dictan un número de teléfono y lo retienes en la mente hasta marcarlo en el teclado; unos segundos. Es frecuente que te ayudes de una repetición, a veces en voz baja, para recordarlos.
En cuanto a tu memoria de trabajo, puedes por ejemplo recordar aproximadamente dónde has dejado el coche en el estacionamiento de un centro comercial, y una hora más tarde regresar al mismo escenario y orientarte hasta encontrarlo. No recordarás el sitio en el que aparcaste la última vez que estuviste allí hace un mes, por ejemplo, pero sí más o menos dónde está ahora.
Por supuesto, la memoria a largo plazo es la más popular. Y de ella, la biográfica es la que tiene mejor prensa de certidumbre: desde luego sabes todos los días cómo te llamas.
Sin embargo esa supuesta fidelidad de nuestra memoria biográfica no es tan fina como parece, y a veces resulta una fuente de problemas para nuestro pequeño mundo mental.
Lo que no podemos retener en nuestra memoria, ni aún en la de corto plazo, es el tono de un color. Fíjate en uno determinado, pasa a la habitación contigua e intenta seleccionarlo de entre una muestra amplia de tonos de ese mismo color. Probablemente te equivocarás.
Vamos a ver ahora qué tiene que ver todo eso con la memoria emocional.
Si intento "imaginarme" una emoción asociada a una idea (por ejemplo: me imagino que mi pareja me engaña, o que fallece un ser querido, o que me toca la lotería) lo que sucede es que esa emoción inventada la racionalizo y sólo se parece en parte a la emoción real, en su componente más racional. Como el tono del color que recuerdo. Es "como si", pero no "es" la emoción genuina.
En otras palabras: no soy capaz de imaginar mis emociones proyectadas a futuro.
Ahora bien: puedo saber que estaré contento, o triste, o enfadado... sólo que no puedo experimentar, no puedo "vivenciar" esa experiencia. La "imaginación emocional", como la "imaginación del color", no funciona.
En cambio con el recuerdo emocional sucede lo contrario. Una vez he sufrido una pérdida, por ejemplo, me resulta relativamente fácil remover mi cognición emocional hasta recuperar aquel tono, y volver a entristecerme. Incluso podríamos decir que soy vulnerable al eco de ese recuerdo emocional durante mucho tiempo. En algunos casos, para siempre.
Pero mi memoria declarativa, esa que racionaliza los acontecimientos de mi vida y me empuja a ser siempre "yo, conciencia de mí" puede dictarme la voluntad, mezclada de deseo, de que algo que ha impactado en mis emociones "no haya pasado en realidad", "no sea lo que parece", "no lo tenga en cuenta", "lo olvide".
Y ese empeño, esa voluntad de esfuerzo por contemporizar, por trivializar un impacto emocional, puede mantenerme en ese propósito durante tanto tiempo que acabe agotando mi voluntad de construir, de resolver.
No se trata de no poder poner remedio, ni de determinismo, ni de fatalidad.
Se trata de saber a qué te enfrentas, que tu memoria emocional no funciona con voluntad ni con deseo. Se trata de resolver los nudos para poder seguir peinando. Se trata de que entender nuestras emociones es imprescindible, pero no es suficiente. Esos obstáculos hay que superarlos, no pueden rodearse.
En el recuerdo declarativo lo pasado pasado está, y puede olvidarse o reescribirse. La memoria declarativa es plástica y racional.
Pero en nuestra memoria emocional todo lo que pasa, pasa para siempre.
En cuanto a tu memoria de trabajo, puedes por ejemplo recordar aproximadamente dónde has dejado el coche en el estacionamiento de un centro comercial, y una hora más tarde regresar al mismo escenario y orientarte hasta encontrarlo. No recordarás el sitio en el que aparcaste la última vez que estuviste allí hace un mes, por ejemplo, pero sí más o menos dónde está ahora.
Por supuesto, la memoria a largo plazo es la más popular. Y de ella, la biográfica es la que tiene mejor prensa de certidumbre: desde luego sabes todos los días cómo te llamas.
Sin embargo esa supuesta fidelidad de nuestra memoria biográfica no es tan fina como parece, y a veces resulta una fuente de problemas para nuestro pequeño mundo mental.
Lo que no podemos retener en nuestra memoria, ni aún en la de corto plazo, es el tono de un color. Fíjate en uno determinado, pasa a la habitación contigua e intenta seleccionarlo de entre una muestra amplia de tonos de ese mismo color. Probablemente te equivocarás.
Vamos a ver ahora qué tiene que ver todo eso con la memoria emocional.
Emoción y memoria
Si intento "imaginarme" una emoción asociada a una idea (por ejemplo: me imagino que mi pareja me engaña, o que fallece un ser querido, o que me toca la lotería) lo que sucede es que esa emoción inventada la racionalizo y sólo se parece en parte a la emoción real, en su componente más racional. Como el tono del color que recuerdo. Es "como si", pero no "es" la emoción genuina.
En otras palabras: no soy capaz de imaginar mis emociones proyectadas a futuro.
Ahora bien: puedo saber que estaré contento, o triste, o enfadado... sólo que no puedo experimentar, no puedo "vivenciar" esa experiencia. La "imaginación emocional", como la "imaginación del color", no funciona.
En cambio con el recuerdo emocional sucede lo contrario. Una vez he sufrido una pérdida, por ejemplo, me resulta relativamente fácil remover mi cognición emocional hasta recuperar aquel tono, y volver a entristecerme. Incluso podríamos decir que soy vulnerable al eco de ese recuerdo emocional durante mucho tiempo. En algunos casos, para siempre.
Pero mi memoria declarativa, esa que racionaliza los acontecimientos de mi vida y me empuja a ser siempre "yo, conciencia de mí" puede dictarme la voluntad, mezclada de deseo, de que algo que ha impactado en mis emociones "no haya pasado en realidad", "no sea lo que parece", "no lo tenga en cuenta", "lo olvide".
Y ese empeño, esa voluntad de esfuerzo por contemporizar, por trivializar un impacto emocional, puede mantenerme en ese propósito durante tanto tiempo que acabe agotando mi voluntad de construir, de resolver.
No se trata de no poder poner remedio, ni de determinismo, ni de fatalidad.
Recuerda
Se trata de saber a qué te enfrentas, que tu memoria emocional no funciona con voluntad ni con deseo. Se trata de resolver los nudos para poder seguir peinando. Se trata de que entender nuestras emociones es imprescindible, pero no es suficiente. Esos obstáculos hay que superarlos, no pueden rodearse.
En el recuerdo declarativo lo pasado pasado está, y puede olvidarse o reescribirse. La memoria declarativa es plástica y racional.
Pero en nuestra memoria emocional todo lo que pasa, pasa para siempre.
domingo, 27 de enero de 2013
Haiku 3. del amor y la convivencia
La convivencia de la pareja se densifica a medida que avanza el tiempo . En el principio se establecen los papeles de cada uno y se refuerzan con lo que el otro entiende: de mí, yo soy en tanto en cuanto yo quiero ser, y tú refuerzas que yo sea o simplemente que yo quiera ser. Soy así porque quiero ser así y tú crees que soy así o que así quiero ser, lo que me refuerza en mi conducta y en el establecimiento de los hábitos de nuestra relación.
Más adelante los roles se hacen más densos, más rígidos, menos plásticos. Se van definiendo esos espacios en los que uno es y el otro entiende que el otro es, pero no hay acuerdo. Hemos disminuido la tensión del acuerdo permanente, buscamos ambos la acomodación recuperando en parte hábitos que habíamos sustraído a la convivencia, o adaptándolos.
La negociación de ese tiempo trae a menudo tensiones súbitas, explosivas o implosivas según el carácter de cada componente de la pareja. Si son explosiones se da discordia y conflicto emocional, que puede ser temperamental. Si es implosiva se puede dar silencio selectivo, omisión de la palabra, o distancia emocional.
En esos estadios es común la escena de "las maletas en la puerta". Yo no voy a soportar esto, hasta aquí hemos llegado... se esgrime la ruptura como una solución drástica, inmediata y factible para ambos. Todo es susceptible de cambiar en cualquier momento.
Con el tiempo las maletas en la puerta dejan de tener sentido porque la relación ha enraizado lo suficiente. En ese tiempo es necesario encontrar soluciones al enorme impacto emocional que tiene todavía descubrir que hay cosas en las que hay desacuerdo, y es irreconciliable. Simplemente hay que escoger un criterio, cuando además el contenido de la controversia afecta a la convivencia o al modelo de vida en común.
Aquí el "quid pro quo", el intercambio, la relación de fuerzas ponderadas tiene el mejor escenario.
Pero ese intercambio tiene que ser emocionalmente justo, es decir, tan moldeable como capaz de generar equilibrios por exceso y por defecto de las partes; ambos tiene que sentirse atendidos o aceptados por igual, aproximadamente, a través de los diferentes episodios de discordia.
El resultado de la relación es consecuencia de la misma relación, no de sus elementos. La "culpa" es más que compartida; como en una molécula de agua, ésta es el resultado de la unión de hidrógeno y oxígeno, pero ninguno de los dos gases son "media agua"
Es importante que esa "culpa" o "responsabilidad" sea una pelota que cambia de tejado.
Ese es el significado del tercer Haiku
Más adelante los roles se hacen más densos, más rígidos, menos plásticos. Se van definiendo esos espacios en los que uno es y el otro entiende que el otro es, pero no hay acuerdo. Hemos disminuido la tensión del acuerdo permanente, buscamos ambos la acomodación recuperando en parte hábitos que habíamos sustraído a la convivencia, o adaptándolos.
La negociación de ese tiempo trae a menudo tensiones súbitas, explosivas o implosivas según el carácter de cada componente de la pareja. Si son explosiones se da discordia y conflicto emocional, que puede ser temperamental. Si es implosiva se puede dar silencio selectivo, omisión de la palabra, o distancia emocional.
Tú en tu casa y yo en la mía
En esos estadios es común la escena de "las maletas en la puerta". Yo no voy a soportar esto, hasta aquí hemos llegado... se esgrime la ruptura como una solución drástica, inmediata y factible para ambos. Todo es susceptible de cambiar en cualquier momento.
Con el tiempo las maletas en la puerta dejan de tener sentido porque la relación ha enraizado lo suficiente. En ese tiempo es necesario encontrar soluciones al enorme impacto emocional que tiene todavía descubrir que hay cosas en las que hay desacuerdo, y es irreconciliable. Simplemente hay que escoger un criterio, cuando además el contenido de la controversia afecta a la convivencia o al modelo de vida en común.
Aquí el "quid pro quo", el intercambio, la relación de fuerzas ponderadas tiene el mejor escenario.
Pongámonos de acuerdo
El resultado de la relación es consecuencia de la misma relación, no de sus elementos. La "culpa" es más que compartida; como en una molécula de agua, ésta es el resultado de la unión de hidrógeno y oxígeno, pero ninguno de los dos gases son "media agua"
Es importante que esa "culpa" o "responsabilidad" sea una pelota que cambia de tejado.
Ese es el significado del tercer Haiku
sábado, 26 de enero de 2013
Hayku 2. de yo y de mi.
Nuestro pensamiento interpreta el mundo de los sentidos y de las percepciones, además de interpretar el mundo de la reflexión. Nos relacionamos con ese mundo (con los objetos, con los seres animados, con las personas) a través de él, de nuestro pensamiento. Se desprende que ese "pensamiento" no siempre es reflexivo, aunque sea consciente. Ese" flujo mental" que acompaña nuestro cuerpo y nos relaciona con el entorno es eso que llamamos cognición.
La cognición es consciencia, reflexiva o no, autoconsciente o no. Es cognición el sueño, la ensoñación ("estar en las nubes"), el miedo, en fin, todas las experiencias en las que interviene el sistema nervioso central en un estadio más complejo que el reflejo. Por ejemplo: es cognición el miedo, pero es reflejo el susto. Cuando el susto pasa el estadio reflejo puede convertirse en miedo o no, según nuestra cognición (que es más lenta que la respuesta refleja) haya interpretado que hay, o no, amenaza.
Pues bien: nuestra cognición tiene por objeto principal garantizar la relación de mi ser (cuerpo y consciencia) con el mundo, es la herramienta para relacionarme con el mundo, y lo hace a través de un mecanismo de selección reduccionista, es decir, eliminando de la información del entorno aquello que puede ser superfluo o simplemente innecesario para esa relación del ser con el mundo.
Esa tendencia a simplificar y eliminar información que tiene nuestra mente, ese sesgo simplificista, tiene como consecuencia muchos de los problemas cotidianos de la relación del ser con el mundo. El haiku 2 se refiere a un aspecto de ese problema.
Cuando juzgo la conducta de los demás lo hago, por supuesto, a través de mi propio juicio y comparando ese comportamiento ajeno con el modelo que tengo de mi propio comportamiento, de mi propia relación con el mundo. Mi cognición simplifica esa comparación, reduciéndola a un plano de supuesta igualdad. Pero en realidad comparo dos cosas muy diferentes entre sí. Porque mi comportamiento no es observado (yo no "me veo haciendo") y el que comparo no es autoinformado como el mío (ni estoy en su pensamiento ni puedo recrearlo. De hecho ni siquiera lo intento) Es como si comparáramos "alimentarse", en un caso observando la conducta externa de "comer", y en el otro viéramos con cámaras e instrumentos adecuados al estómago digiriendo.
La cognición es consciencia, reflexiva o no, autoconsciente o no. Es cognición el sueño, la ensoñación ("estar en las nubes"), el miedo, en fin, todas las experiencias en las que interviene el sistema nervioso central en un estadio más complejo que el reflejo. Por ejemplo: es cognición el miedo, pero es reflejo el susto. Cuando el susto pasa el estadio reflejo puede convertirse en miedo o no, según nuestra cognición (que es más lenta que la respuesta refleja) haya interpretado que hay, o no, amenaza.
Pues bien: nuestra cognición tiene por objeto principal garantizar la relación de mi ser (cuerpo y consciencia) con el mundo, es la herramienta para relacionarme con el mundo, y lo hace a través de un mecanismo de selección reduccionista, es decir, eliminando de la información del entorno aquello que puede ser superfluo o simplemente innecesario para esa relación del ser con el mundo.
Esa tendencia a simplificar y eliminar información que tiene nuestra mente, ese sesgo simplificista, tiene como consecuencia muchos de los problemas cotidianos de la relación del ser con el mundo. El haiku 2 se refiere a un aspecto de ese problema.
Los demás y yo
miércoles, 23 de enero de 2013
Haiku 1
Lo contrario del odio es la pena, lo contrario del amor es el olvido.
Haiku 1. de la emoción del amor y del odio
Suele decirse que lo contrario del amor es el odio, por la intensidad de ambas emociones, su fuerza, y por el hecho de que son de signo contrario.
Las emociones contrarias son las que no pueden experimentarse al mismo tiempo. Son emociones contrarias, por ejemplo, la alegría y la tristeza.
En general se acepta que ambas emociones (amor y odio) son independientes. La independencia emocional implica necesariamente que ambas emociones puedan experimentarse a la vez. En otras palabras que la experiencia de una no condicione a la otra. Siguiendo el ejemplo anterior, alegría y tristeza son dependientes; estoy alegre en tanto en cuanto no estoy triste.
Puede decirse que se puede odiar y amar al mismo tiempo a alguien, fruto del binomio atracción - rechazo. Se puede rechazar parte o todo de lo que nos atrae, se puede rechazar la misma atracción. Incluso se puede destruir o desear destruir lo deseado.
Odiar desplaza el objeto sobre el que proyectamos la emoción (el ser odiado, la cosa odiada) del espacio vital del ser sintiente, el que odia. Es la necesidad de hacer desaparecer del escenario vital lo odiado. En ese sentido es exactamente el signo contrario de la emoción del amor. El signo contrario, el valor extremo opuesto. Pero la relación vincular con el objeto de atracción / rechazo es la misma. Te amo porque me importas. Te odio porque me importas.
En el Haiku propongo la pena como el contrario al odio porque es imposible compadecerse de alguien y odiarlo a la vez. La emoción contraria al amor es la indiferencia: el amor diferencia algo o a alguien del resto y le atribuye significantes emocionales; la indiferencia hace iguales a todos los objetos o entes de ese escenario vital.
Dado que la indiferencia es un estado a priori (de entrada cualquier ser ajeno es indiferente si no tiene ningún atributo, como ser mi sobrino o mi vecino o el amigo de mi amigo, por ejemplo) y quiero encontrar la emoción contraria a una emoción a posteriori (el amor) uso el sustantivo de olvidar, olvido, por la falta de significado en el ser u objeto antes deseado o amado; es decir, el olvido de sus atributos distintivos.
Las emociones contrarias son las que no pueden experimentarse al mismo tiempo. Son emociones contrarias, por ejemplo, la alegría y la tristeza.
En general se acepta que ambas emociones (amor y odio) son independientes. La independencia emocional implica necesariamente que ambas emociones puedan experimentarse a la vez. En otras palabras que la experiencia de una no condicione a la otra. Siguiendo el ejemplo anterior, alegría y tristeza son dependientes; estoy alegre en tanto en cuanto no estoy triste.
Puede decirse que se puede odiar y amar al mismo tiempo a alguien, fruto del binomio atracción - rechazo. Se puede rechazar parte o todo de lo que nos atrae, se puede rechazar la misma atracción. Incluso se puede destruir o desear destruir lo deseado.
Odiar es rechazar
En el Haiku propongo la pena como el contrario al odio porque es imposible compadecerse de alguien y odiarlo a la vez. La emoción contraria al amor es la indiferencia: el amor diferencia algo o a alguien del resto y le atribuye significantes emocionales; la indiferencia hace iguales a todos los objetos o entes de ese escenario vital.
Dado que la indiferencia es un estado a priori (de entrada cualquier ser ajeno es indiferente si no tiene ningún atributo, como ser mi sobrino o mi vecino o el amigo de mi amigo, por ejemplo) y quiero encontrar la emoción contraria a una emoción a posteriori (el amor) uso el sustantivo de olvidar, olvido, por la falta de significado en el ser u objeto antes deseado o amado; es decir, el olvido de sus atributos distintivos.
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